La cumbre anterior, celebrada en New York y que contó con las palabras del Rey Felipe de España, terminó con grandes discursos de voluntad de cambio pero pocas medidas efectivas. Antes de que se publiquen, las filtraciones y los resúmenes previos permiten conocer el contenido de estos ya clásicos dosieres, que pocas veces ofrecen sorpresas. El de 2014 no podía decir cosas muy distintas a lo que dijeron los de 1995, 2001, 2007… A saber, que existe consenso científico sobre la realidad del cambio climático y que dicho cambio está provocado, fundamentalmente, por los seres humanos.
Es cierto que llevamos más de dos décadas escuchando estos argumentos, pero al mismo tiempo las emisiones de CO2 a la atmósfera no han cumplido ni uno de los objetivos teóricos. Y no ha sido por culpa de la perniciosa influencia de los escépticos y los negacionistas, ni de la acción beligerante de las petroleras, ni del primo de Rajoy. La única razón por lo que el CO2 sigue aumentando en nuestros cielos y, según la tesis aceptada, calentando nuestra atmósfera es que los Gobiernos no le compran la mercancía al fracasado IPCC. Acuden a sus reuniones, leen discursos en sus cumbres, dicen que sí con la cabeza; pero no estampan ni una sola firma vinculante en sus Parlamentos. Países malos, principalmente Estados Unidos, China, India y Brasil. Malos, malísimos con el clima del mundo y los pobresitos osos polares ¡que ya no tienen frio!
La expansión económica de Europa en las últimas décadas, y en base a la experiencia del protocolo de Kioto, ha añadido a las negociaciones a nuevos Estados que ven con recelo firmar pactos de recorte de emisiones que puedan frenar su crecimiento. Y a todo ello hay que sumar que los activistas ecologistas han errado gravemente en su mensaje durante estos 20 años, cargando las tintas hacia un alarmismo que no se sostiene en la lectura de los datos científicos y que ha quitado credibilidad a la amenaza.
Espero que la COP 20 que se celebre en la ciudad de Lima sea todo un éxito. Que vengan más de 50 mil calentólogos a comer la deliciosa comida peruana y que vayan y visiten el Cusco, Machu Picchu y todas las maravillas que tiene el Perú. Espero que se escuchen los mega-discursos de buenas intenciones, porque esta de moda aparentar se un calentólogo. Espero también las imágenes espectaculares que suelen sacar los calentólogos del Amazonas con los bosques talados, o desastres climáticos en sudamérica. Y espero, que como siempre, no haya ningún compromiso inútil respecto al clima.