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Endeudándose a corto plazo e invirtiendo a largo plazo: iliquidez, colapso del crédito y quiebras de bancos

Posted by rafaelgo on 25th febrero 2011

Una de las teorías mas interesantes para explicar el actual colapso bancario es la proporcionada por Antal Feteke y se trata justamente de la iliquidez, o falta de liquidez bancaria, lo que explica que poco a poco los balances de los bancos se vayan deteriorando y que empiece el colapso del crédito, en un intento desesperado de los bancos de arreglar sus balances, hasta llegar a la quiebra de bancos.

El concepto de liquidez se encuentra en el núcleo de todos los problemas económicos, según Antal E. Feteke. Es una curiosa aberración de nuestros tiempos que este concepto tan importante e incluso la existencia misma de los fenómenos económicos que este concepto representa, sea negado vehementemente por los economistas más representativos de las corrientes económicas vigentes. Todo esto muy a pesar del hecho de que dos de los más grandes pensadores de la economía de todos los tiempos, Adam Smith (1723-1790) y Carl Menger (1840-1921), dieran gran importancia al concepto de liquidez y lo emplearan en la explicación de importantes fenómenos económicos.

Para entender qué ha estado sucediendo y por qué, es preciso tener en cuenta que los bancos han sido protegidos por el Estado contra sus acreedores, quienes fueron privados del derecho de exigir la liquidación en caso de incumplimiento de contrato. En consecuencia, los bancos siguieron emitiendo papel del cual no responderían al vencimiento. Así, los bancos están por encima del derecho de quiebra aplicable a toda persona o empresa: un banco puede seguir funcionando si el Estado lo considera conveniente, aun a pesar de que haya incumplido la ley o sus compromisos.

Desde luego, esta protección que otorga el Estado a los bancos no puede justificarse ni jurídica ni lógicamente. Equivale a conceder privilegios sin exigir las correspondientes responsabilidades. Los bancos, como era de esperar, se tomaron la licencia de obviar los principios elementales de la seguridad y la liquidez. Empezaron a forrarse con las extraordinarias ganancias procedentes de inversiones especulativas y a largo plazo, financiadas con deudas a corto plazo.

Primero, Antal Feteke, en este artículo del año 1984, traducido por Liberalismo.org, explica el concepto de liquidez tal como lo definieron Adam Smith y Menger en el pasado. Asimismo, estudia las últimas teorías desinformativas -esas que nos enseñan en las facultades de economía- sobre como ha ido mutando la idea de liquidez para dar un soporte, aunque sea falso, al ilíquido y escandaloso sistema bancario actual.

Finalmente, analiza las consecuencias de la iliquidez del sistema bancario en 2 posibles escenarios: bajo un patrón oro estándar, entendido como Adam Smith lo explicaba, y bajo el régimen actual de monedas inconvertibles o “legal tenders” para todo tipo de deudas.

Una de las más grandes contribuciones a la ciencia económica es la “teoría del crédito comercial” (commercial loan theory) tal como se describe en la obra de Adam Smith La Riqueza de las Naciones (Wealth of nations) publicada por primera vez en 1776. Adam Smith escribió que la masa de los productos de consumo (terminados o semiterminados) que cambian de manos con la suficiente rapidez desde los productores, a través de los distribuidores hasta los puntos de venta minorista y que serán adquiridos por el consumidor final en un plazo de 91 días (llamado por A. Smith el capital social circulante –social circulating capital–) tiene una liquidez solamente superada por los metales moneda, oro y plata. A. Smith no tuvo ninguna dificultad para demostrar su tesis. Hay un mínimo de consumo, absolutamente indispensable, para el normal funcionamiento de la sociedad, que proyectado a 91 días (la duración de una estación completa del año) en el futuro, corresponde a un volumen de productos terminados o semiterminados en su camino desde los productores a los consumidores finales. Estos productos seguirán su curso incluso en ausencia de dinero, en el advenimiento de un desastre nacional, bajo una ocupación militar, o en cualquier otra situación adversa, debido a que la bondad del crédito emitido con el respaldo de estos productos no puede ser cuestionada de manera alguna. Antes se pondrá en duda la validez de aserciones tales como que la gente debe comer, vestir, usar combustible para calefacción, etc., que cuestionar la solvencia del crédito que mantiene el flujo de los productos que satisfacen las más urgentes necesidades de las personas.

La liquidez de los productos más urgentemente demandados por la gente, es decir, la liquidez del capital social circulante se manifiesta en el hecho de que estos productos cambian de dueño no contra pago en metálico sino contra pago en un tipo de papel denominado real bills.

Debido a esta característica distintiva del capital social circulante, es por lo que la teoría de la liquidez de Adam Smith es conocida como la doctrina de las real bills. El término fue acuñado por los detractores de la liquidez, dándole connotaciones peyorativas, pero con el tiempo llegó a ser respetado (de la misma forma que, a pesar del carácter peyorativo dado por Karl Marx al término “capitalismo”, éste llegó a ser una palabra admirable y llena de fuerza para referirse al sistema de iniciativa privada y libre empresa en contraposición al dirigismo socialista y la planificación centralizada).

Una real bill (letra o efecto comercial) se libra por el proveedor de bienes de consumo sobre su cliente en el momento de la entrega de los productos y se paga cuando el producto es vendido al consumidor final (en cualquier caso siempre antes de 91 días). Una real bill conocida como bill of exchange (letra de cambio) es tan líquida como el dinero cuando está aceptada por el librado (el que recibe la mercancía del librador de la letra). De hecho una letra de cambio puede “circular” por sí misma. La única diferencia entre la circulación de una letra de cambio y la circulación de billetes bancarios es que la primera está sujeta a un plazo temporal para su descuento (su valor nominal se descuenta de acuerdo al tipo de descuento y al número de días que faltan para su vencimiento), mientras que los billetes bancarios se aceptan a su valor nominal y su vencimiento es a la vista.

Sin embargo, tal como A. Smith nos advierte en su obra, sería un error el concluir que un billete de banco es un instrumento superior simplemente por el hecho de no estar sujeto a descuento. De hecho, un billete bancario es un pasivo del banco equilibrado por un activo autoliquidable, el cual, es una letra o un metal monetario. El metal monetario es autoliquidable ya que es aceptado como pago de una deuda sin ser legal o contractualmente convertible en algo distinto. En otras palabras, los metales monetarios representan liquidez absoluta. Son la liquidez por excelencia. Por otro lado, las letras (real bills) son autoliquidables, ya que a su vencimiento se pagan con el producto de la venta de los bienes de consumo subyacentes. Por contraste, una letra financiera (por ejemplo, aquella emitida para financiar la construcción de un hotel) no es autoliquidable, ya que el dinero ha sido convertido en los ladrillos y materiales que constituyen el hotel y el comienzo del proceso de amortización de los costes del hotel exigirá un tiempo más largo.

El vencimiento a un máximo de 91 días para las letras (real bills) no se deriva de una cábala. Noventa y un días es la duración de una estación del año. El tipo y la cantidad de bienes demandados por los consumidores cambian con las estaciones del año. Si no puede garantizarse la venta de una cierta mercadería en un plazo de 91 días, con mayor motivo no podrá garantizarse su venta en un plazo de 3×91=273 días, hasta que la misma estación del año vuelva a aparecer. No pueden usarse letras para los bienes que se mueven con esta lentitud, debiéndose financiar su inventario mediante otros medios (esto es, ahorro real). Si 91 días pueden parecer arbitrarios, la Providencia es responsable por hacer el año de 365 días y dividirlo en cuatro estaciones. En cualquier caso, la liquidez de las letras se juzga y decide por el mercado de letras y no por los teóricos.

En el mercado de letras (por ejemplo, aquel que floreció en Lancashire y Manchester en los tiempos de Adam Smith) siempre se rechazaban todas las letras libradas con vencimiento superior a los 91 días. Mientras que una letra con dos buenas firmas y vencimiento igual o inferior a 91 días podía ser comprada y vendida a continuación sin pérdida alguna, otra letra con las mismas dos buenas firmas pero vencimiento superior a los 91 días generalmente ocasionaba una pérdida. Tales letras no eran líquidas. No podían ser liquidadas con la suficiente rapidez o sencillez. En el mercado de letras también se rechazaban aquellas cuyo librador y librado eran una empresa y su subsidiaria respectivamente. Estas letras eran conocidas “letras cerdo sobre puerco” (pig on pork bills). Las letras financieras, de anticipo (sobre producción futura y del tesoro) no corrían mejor suerte. Los bancos comerciales pujaban por las letras real bills en el mercado de letras, debido a que el papel autoliquidable de forma automática ha sido siempre considerado la forma de activo más fiable y líquida que un banco puede poseer para equilibrar su pasivo a la vista (billetes y depósitos). La banca comercial creció en importancia debido a que el crédito de un banco es frecuentemente más fácilmente negociable que el crédito de los productores y distribuidores de los bienes más urgentemente demandados por los consumidores finales. Esto es debido a las siguientes razones:

  • Los billetes y depósitos bancarios son negociables “a la vista”, es decir, en el plazo más corto.
  • Los billetes bancarios se emiten en denominación estándar y debido a su convertibilidad a la vista, normalmente no son descontados.
  • Los bancos están siempre en primera plana, bajo el escrutinio del público y se asume, de manera acertada o equivocada, que cualquier problema relativo a la calidad del crédito bancario será puesto de manifiesto inmediatamente (no puede decirse necesariamente lo mismo del crédito de los productores y distribuidores de bienes de consumo).

Al contrario que la liquidez, que es una categoría económica, la negociabilidad es una cualidad institucional. Los acuerdos institucionales que pueden alterar y de hecho tienen un impacto en la negociabilidad, no afectan a la liquidez que es algo intrínseco. Esto nos devuelve a nuestro punto de partida, idea original de Adam Smith, de que los billetes bancarios no pueden ser más líquidos que las letras (real bills) existentes en la cartera de los bancos que los emiten. La fuerza y credibilidad de las letras no se deriva del crédito de los bancos o gobiernos que las libran. La causalidad va en el otro sentido: el crédito de un banco o Gobierno es tan bueno o malo como la liquidez de los activos que equilibran su pasivo.

Casi un siglo después de que se escribiera La Riqueza de la Naciones, Carl Menger, otro gigante de la ciencia económica y pionero del moderno subjetivismo, estableció en su obra Grundsätze (traducida al español como Principios de Economía política) los elementos de una teoría de la liquidez más completa (Absatzfähigkeit).

Menger observó que los mercados no cotizaban un solo precio sino dos, el más bajo o precio ofrecido por un bien (bid price) y el más alto o precio pedido (asked price), y que la diferencia entre ellos (spread) nunca podía ser cero. Aunque la ciencia económica poco puede decir sobre los precios y su evolución, no ocurre lo mismo con su spread. Menger observó que tanto el precio ofrecido como el pedido se cotizaban para cantidades definidas de bienes y que invariablemente un spread más amplio estaba asociado a cantidades mayores. Esto llevó al resultado (que para Menger fue un teorema deductivo en lugar de inductivo) de que el spread es una función creciente de la cantidad. Pero el ritmo de crecimiento del spread no es igual para todos los bienes. Mientras para el oro es muy lento (casi despreciable), para los bienes perecederos es muy rápido. Por tanto, podemos definir la liquidez de un bien económico en términos de su spread. Podemos decir, siguiendo a Menger, que un bien es más líquido que otro si su spread se incrementa más despacio que el del otro en función de la cantidad.

Menger introdujo el concepto de liquidez porque quería entender la razón por la que el oro llegó a ser dinero. Menger descartó la teoría cartalista, según la cual el oro fue declarado dinero y moneda de curso legal por decreto de un soberano y su pueblo, que acordaron el incluir la efigie del soberano en cada porción de oro como garantía de su peso y ley. Al contrario, fue un proceso de mercado lo que promovió al oro (y a la plata) a la posición de liquidez suprema y el soberano encontró apropiado el unirse a la elección del mercado.

En las etapas más avanzadas del sistema de trueque era posible clasificar varios bienes de acuerdo con su liquidez. En la antigüedad las cabezas de ganado, la sal, el grano y el tabaco junto con los metales y piedras preciosas alcanzaron gran liquidez. Más tarde, con el desarrollo del comercio, la liquidez de los metales preciosos (oro y plata) comenzó a crecer con rapidez dejando la de otros bienes muy atrás. Hasta hace sólo 130 años existían dudas sobre si habría un ganador absoluto ó serían conjuntamente el oro y la plata quienes reinarían como los bienes más líquidos. Sin embargo, en la década de 1870 se decantó la obtención de la máxima liquidez a favor del oro y como reconocimiento de este hecho la inmensa mayoría de las naciones civilizadas (con la notable excepción de China) habían adoptado el patrón oro en 1914.

La teoría de Menger sobre el origen del dinero es la mejor que tenemos. A su validez histórica añade su claridad conceptual y más aún, extiende y generaliza la desarrollada por Adam Smith. Las teorías de Menger y Smith ponen de manifiesto de forma clara el proceso por el que el oro, el bien más líquido, y las letras de cambio, el segundo bien más líquido, han llegado a ser la base de nuestro sistema monetario.

Los fundamentos lógicos de la teoría de los préstamos comerciales de Adam Smith (según la cual los préstamos más líquidos que un banco puede realizar son los préstamos a corto plazo, –autoliquidables– sobre bienes de intensamente demandados en su camino desde el productor al consumidor final; ya que al venderse los bienes se obtienen los medios para liquidar el préstamo) consistían en que los bancos deben prestar a corto ya que piden prestado a corto. Sin embargo, las prácticas bancarias se han apartado gradualmente de este ideal al comenzar a prestar a largo mientras piden prestado a corto, violando el principio de la liquidez. Después del esplendor alcanzado con la teoría de la liquidez de Smith y Menger, las subsiguientes teorías pueden considerarse más un retroceso que un progreso. La teoría de la liquidez desarrollada en nuestro siglo no es más que una apología poco sólida en favor de la iliquidez crónica de los bancos, según iban surgiendo nuevas teorías para respaldar las nuevas prácticas. Para el propósito de este ensayo, explicaremos cinco etapas de esta degradación teórica: (1) La teoría de los coeficientes de reserva (balance sheet ratios); (2) la teoría de la negociabilidad-redescontabilidad (shiftability); (3) la teoría del flujo de caja (cash flow); (4) la teoría de la gestión de la liquidez; y (5) la teoría de la licuefacción.

La teoría de los coeficientes de reserva (balance sheet ratios)

La imperecedera gloria de la teoría del crédito comercial elaborada por Adam Smith es que hace corresponder la creación de dinero con la llegada de nuevos bienes a los mercados. Sin embargo, las prácticas bancarias se han separado progresivamente del ideal expuesto en La Riqueza de las Naciones. Tales prácticas pueden describirse como un desfase entre los vencimientos de los activos y los pasivos del balance. Como consecuencia, el dinero se crea más rápido de lo que la llegada de nuevos bienes al mercado justifica.

Bajo la protección del Estado, los bancos se hicieron con el control del mercado de letras. El papel emitido por productores ineficientes fue a esconderse en las carteras de efectos de los bancos para evitar el examen y posterior rechazo del público. Antiguamente este papel tenía que arreglárselas él solo cada día en el mercado de letras hasta su vencimiento. Una vez llegado este, y pasados dos días de cortesía, si la letra era impagada, el librado, el librador y los endosantes arruinaban su crédito. Hoy en día, los bancos pueden proteger las letras de dudosa calidad, lo que en realidad equivale a un subsidio a los productores ineficientes y a la especulación con inventarios.

Un banquero compasivo renueva el crédito sin demasiadas alharacas. El juicio del interventor vino a sustituir a la sabiduría del mercado abierto.

Los teóricos no se quedaron atrás. La liquidez fue redefinida como la ratio entre créditos y depósitos, el cual muestra hasta qué punto ha empleado su capacidad de prestar.

Aunque esta ratio podría usarse como medida de la iliquidez, es completamente inadecuado para medir la liquidez, precisamente porque oculta activos de dudosa calidad. Si fuera una medida adecuada del grado de liquidez, entonces tendría que asumirse que todos los créditos son a corto plazo y autoliquidables. Pero la nueva teoría se elaboró precisamente porque era necesario desviar las miradas indiscretas de la estructura de vencimientos de los préstamos del banco.

Una teoría completa de la liquidez bancaria debe incluir varias ratios; de suyo, uno por cada categoría de vencimiento. El más importante de ellos es la ratio de activos monetarios contra depósitos. Cuanto más cercano esté a uno, más líquida será la entidad. Después está la ratio de activo contra deudas entre 3 y 12 meses, etc. Si todos los bancos son ilíquidos en el sentido de que sus deudas vencen antes que sus créditos, entonces no pueden cumplir con sus obligaciones si no es monetizando sus deudas, esto es, los bancos se ven obligados a vender sus créditos a largo al Banco Central para entre “hacer caja” y poder atender sus deudas a corto plazo. Merced a este proceso, el Banco Central convierte deudas en dinero de curso legal. Sin embargo, este expediente no carece de consecuencias. Como veremos, una vez que los bancos empiezan a transitar por la senda de la monetización de deuda ponen en marcha un círculo vicioso que tiene su propia dinámica interna. El crecimiento equilibrado de la economía sólo es posible si se presta la debida atención a la liquidez del sistema bancario.

La teoría de la negociabilidad-redescontabilidad (shiftability)

Después de la Primera Guerra Mundial el profesor Harold G. Moulton expuso su teoría de la negociabilidad, de acuerdo con la cual, en condiciones normales, la liquidez no es tanto un problema de vencimiento como un problema de transferir los activos a otros bancos y “hacer caja”. Si un banco en problemas puede obtener ayuda de otro en mejor situación no es tan necesario atender a la casación de plazos. En lugar de esto los bancos confían en activos que puedan ser transferidos a otros bancos antes del vencimiento para hacer frente a sus necesidades de tesorería. La liquidez se identifica con la transferibilidad (shiftability).

La nueva doctrina mudó la fuente de liquidez desde el préstamo a la cartera de inversiones, especialmente inversiones en deuda pública. Sin embargo, la teoría era irremediablemente falsa: el problema de la liquidez es, precisamente, cómo proteger la solvencia del banco en tiempos difíciles, cuando todos los bancos y sus clientes se esfuerzan por mejorar sus posiciones de liquidez. El banquero prudente sabe que el papel del Estado no es una inversión líquida porque en tiempos difíciles no se puede vender (transferir) sin levantar sospechas sobre la situación del banco. Pero aunque el banco no tenga razones para preocuparse por las sospechas, hay situaciones en las que no se puede vender el papel del Estado sin ocasionar al Tesoro tremendos apuros.

El mercado de deuda pública se hundió en 1920 engullendo una parte considerable de los activos bancarios ante la sorpresa y consternación de los banqueros. El mercado les enseñó que no era prudente ni seguro invertir en deuda del Estado por un importe superior al del capital del banco. No obstante la lección se olvidó pronto.

La teoría del cash-flow

Un nuevo concepto de liquidez conocido como la doctrina del cash flow introducido por Herbert W. Prochnow después de la Segunda Guerra Mundial. Una vez más, es patente que se promueven nuevas teorías para justificar nuevas prácticas. La fachada del descuento de letras al menos se había conservado por bastante tiempo, aunque en realidad, al vencimiento se renovaba sistemáticamente el crédito.

Pero después de la Segunda Guerra Mundial cesaron los ambages: préstamos a largo plazo cuya amortización se hacía coincidir con el cash flow esperado del cliente. Prochnow sugirió que la liquidez bancaria consistía en la capacidad de los prestatarios de pagar las cuotas de sus préstamos y no en su capacidad de liquidar su deuda. Así, un préstamo incobrable todavía podría servir como fuente de liquidez siempre y cuando el prestatario siga pagando los intereses (incluso si para ello el banco tiene que comprometer recursos adicionales). En otras palabras, los bancos pueden crear liquidez “echando dinero bueno sobre dinero malo”. El Banco Central lo refrendará todo.

Si creemos que el Banco Central puede validar todos los malos créditos que los bancos comerciales han concedido en el pasado sin hacer su propia posición más ilíquida, entonces creemos en milagros. Es cierto que el castigo para el Banco Central por olvidar su propia liquidez puede no ser inmediato, pero es, sin embargo, inevitable.

La teoría de la gestión de la liquidez (liquidity management)

Antes de los años 60 los banqueros veían la liquidez casi exclusivamente en el activo del balance. Desde entonces empezaron a verla en el pasivo. En lugar de adaptar los activos a las deudas, decidieron hacer lo contrario. No había por qué mantener liquidez a mano en absoluto (en vista de su baja rentabilidad), puesto que era posible comprarla en el mercado cuando fuera necesario.

Los bancos creaban las condiciones para un crecimiento y unos beneficios ilimitados pujando por el dinero sólo cuando sus reservas se revelaran insuficientes.

Esto condujo a la legitimación del mercado de fondos federales por el cual el exceso de depósitos con los bancos de la Reserva Federal podía ser recolocado “por ahí”; así como al nacimiento de los certificados de depósito. Los banqueros se dieron cuenta de que el gran mérito de los certificados de depósito era su flexibilidad. Al poder emitir certificados a diferentes tipos y vencimientos, podían ajustar sus pujas por la liquidez a las necesidades del momento.

Los certificados de depósito y los fondos federales, sin embargo, no fueron la única forma de crear nueva liquidez en el pasivo del balance. Las obligaciones subordinadas, así como los bonos convertibles entraron en escena. De este modo, los bancos aprendieron a estar en misa y repicando. Pretendiendo que algunos de sus depósitos debían ser considerados como parte del pasivo no exigible (capital), cerraron de golpe la separación entre pasivo circulante y capitales permanentes. La teoría de la gestión de la liquidez alcanzó su apoteosis en el mercado de eurodólares. Las grandes entidades financieras encontraron más cómodo proveerse de liquidez a través de sus sucursales de Londres. Ya no era necesario matar el oso para vender su piel.

La teoría de la licuefacción

Con tal inagotable variedad de oportunidades para comprar la liquidez necesaria con la que hacer frente a la, aparentemente, insaciable demanda de préstamos, los bancos se embriagaron con su propio éxito. Olvidaron que ellos también, como Absalón, que podían acabar colgados de sus propios cabellos.

La desenfrenada puja por los activos líquidos llevó los tipos de interés a alturas vertiginosas. Como consecuencia, los activos a largo plazo en las carteras bancarias fueron diezmados y se volvieron aún más ilíquidos de lo que en principio se temía. Hubo que llevar a pérdidas algunos préstamos –la postrera humillación para el banquero que creyó que, bajo las doctrinas del cash flow y de la gestión de la liquidez, los préstamos incobrables eran algo del pasado–.

Hoy, el sistema bancario en los Estados Unidos es crónicamente ilíquido. Como el drogadicto, sólo puede mantenerse en pie con dosis crecientes de liquidez proporcionadas por la Reserva Federal, y manteniendo, gracias al permiso del Gobierno, balances inflados (lo que equivale a la legalización del fraude).

Puesto que a los bancos se les permite sostener que sus activos valen mucho más de lo que podrían obtener de su liquidación, el problema a resolver es cómo fabricar nuevas reservas (reconstruir el encaje) a partir de sus malos activos. Pues bien, el banco cambiará bonos del Estado de su cartera por efectivo.

¿Pero por qué un impositor en su sano juicio pagaría al banco 1.000 dólares por un bono que podría obtener por 500 en el mercado abierto? Simplemente, el banco le dice al impositor que el mercado se equivoca, y que el valor del bono es realmente el valor facial de éste. Para probarlo, el banco promete pagar incluso más por el mismo bono la mañana siguiente. Así nació el REPO. De acuerdo con esto, la teoría de la licuefacción enseña que no hay malos activos, sólo malos banqueros. Un buen banquero, por definición, es el que convierte sus errores en fuentes de liquidez (cuantos más errores, mejor). Cuando hace Repos, el banco en realidad vende sus malos activos al cierre de la sesión comprometiéndose simultáneamente a recomprar al comienzo de la siguiente sesión. La teoría de la licuefacción es la historia de los tremendos apuros en los que los bancos se encuentran. Ya no son capaces de hacerse con nuevas reservas liquidando sus activos. Tienen que acudir al fraude legalizado.

De acuerdo con Aristóteles, es imposible que un objeto esté en dos sitios distintos al mismo tiempo. Lamentablemente, el oro está sujeto a las limitaciones descritas por Aristóteles. Es por esto por lo que los economistas convencionales tratan al oro con desdén. Suspiran por algo más sublime, más etéreo, más “creativo” y menos prosaico que el oro. Por consiguiente, el oro fue expulsado sin miramientos de su posición como reserva monetaria, y su lugar lo tomaron las “reservas sintéticas” las cuales ya no están sujetas a las limitaciones del mundo sublunar. Uno de estos dispositivos sintéticos es el Repo; otro el crédito para operar con valores. Son dineros dotados de la “imprescindible” propiedad de estar presente en dos o más sitios a la vez. Si el oro no se presta al juego de la contabilidad creativa, el banquero avispado y su ángel de la guarda, el economista convencional, no tienen por qué sentirse frustrados. La prestidigitación continuará con trucos más amenos.

La chistera de la que sacan las nuevas formas de liquidez parece inagotable.

La Escuela de Chicago rechaza la idea de liquidez. Los monetaristas menosprecian la idea de los préstamos autoliquidables como la base del crédito y, en lugar de control cualitativo, abogan por el control cuantitativo del crédito. Esta actitud refleja el daltonismo en relación con la liquidez y un esfuerzo consciente de negar cualquier diferencia entre préstamos a la especulación o la inversión y los préstamos a corto plazo autoliquidables, basados en bienes intensamente demandados por los consumidores.

Uno de los más grandes expertos en liquidez, Melchior Palyi, dijo en su obra póstuma El Crepúsculo del Oro (The Twilight of Gold): «Hay algo intelectualmente tentador en el intento de explicar los movimientos en los precios y en el nivel de actividad por los cambios en el volumen o el precio del dinero, o ambos. Tales explicaciones tienen el “atractivo” de una fórmula simple, aliviando al analista de la carga de estudiar la multiplicidad y complejidad de los fenómenos del mercado y sus interrelaciones; y también ofrecen un dispositivo “científico” para controlar los pulsos de la economía… La metodología subyacente en el enfoque monetarista, un préstamo de la Mecánica, supone procesos automáticos más que la, a veces impredecible, conducta humana.»

La teoría de la liquidez, exceptuando las excrecencias del siglo XX, explica las cosas tal y como son, incluyendo lo impredecible de la acción humana.

La teoría de la liquidez de Menger

Un bien económico (o un activo financiero) es una entidad de dos dimensiones en el sentido de que puede caracterizarse (o clasificarse) según dos variables: valor y liquidez. De las dos, la segunda es menos conocida y más controvertida, si bien su comprensión es un requisito previo para una teoría consistente del dinero y del crédito.

La liquidez, como el valor, no es ante todo un número o una medida, sino un orden o clasificación. Igual que el valor existe sin necesidad de precios, en un sistema de trueque, puesto que dados dos objetos cualquiera, hay consenso en cuál de los dos es “más valioso”; igualmente la liquidez puede no ser mensurable, pero dados dos objetos cualquiera, siempre es posible decidir cuál de los dos es “más líquido”.

Resumiendo mucho, un bien es más líquido que otro si puede ser comprado y revendido en grandes cantidades con menores pérdidas que el otro. Obviamente los bienes perecederos como el grano o las patatas son menos líquidos que las piedras o los metales preciosos. No importa lo ventajoso que sea el precio que paguemos por el grano o las patatas, probablemente no seamos capaces de revenderlos en grandes cantidades sin sufrir pérdidas, como podríamos hacer en el caso de las piedras y metales preciosos. Debe advertirse que, contrariamente a la creencia popular, la propiedad inmobiliaria (rústica o urbana) no es líquida: el margen (spread) entre el precio ofrecido y el precio pedido aumenta rápidamente según más tierras y casas salen a la venta en el mercado.

Este apunte nos muestra cómo medir la liquidez. El mercado cotiza, no uno, sino dos precios para cada bien, a saber, el menor precio ofrecido (al cual los especialistas market-makers están dispuestos a comprar) y el más alto precio pedido (al cual los market-makers están dispuestos a vender). La diferencia entre ambos recibe el nombre de margen (spread). Además, el precio pedido y el precio ofrecido se cotizan para una determinada cantidad; para una cantidad mayor el margen (spread) será mayor. Por tanto el margen (spread) es una función creciente de la cantidad para la que se cotiza. Sin embargo, el ritmo al que aumenta el margen no es uniforme para todos los bienes. Un bien se considera más líquido que otro si su margen aumenta más despacio que el de otro.

El significado del concepto de liquidez es obvio. No es posible comprender el atesoramiento, el almacenamiento, o la especulación alcista o bajista sin él. Sobre todo, ninguna teoría coherente del dinero puede construirse sin referirse a él. La revolución producida por la invención del dinero fue, de hecho, una evolución de la liquidez. La distinción entre comprar y vender, existía, también, durante los tiempos del trueque, mucho antes de la aparición del dinero. Vender significa, por definición, cambiar un bien menos líquido por otro bien más líquido –preferiblemente por el más líquido de todos–, si este existe. El hecho es que la aparición del máximo de liquidez coincide con la aparición del dinero. Finalmente, y lo más importante para los propósitos de este ensayo, es concepto de liquidez es clave en la teoría y la práctica bancaria, donde el problema es cómo manejar o invertir el dinero propiedad de otros sin incurrir en pérdidas.

Pasemos ahora a examinar la cuestión de la liquidez de los bonos (suponiendo, para simplificar, que su pago y servicio están garantizados). Los bonos que vencen en menos de un año son líquidos. De hecho, pueden ser utilizados como dinero para determinados tipos de transacciones (por ejemplo para pagos a cuenta o como pago de bienes que serán entregados en el futuro). Por contra, las obligaciones con vencimiento a 10 años son ilíquidas porque un pequeño cambio en el tipo de interés supondrá un gran cambio (en sentido inverso) en el valor de la obligación, lo que supone un amplio margen (spread). De hecho, cuanto más lejano sea el vencimiento, más amplio es el margen y menos líquido será el título (siendo iguales el resto de características). Está claro que los préstamos bancarios, las hipotecas y otros activos de renta fija son equivalentes económicamente a los bonos, y obedecerán las mismas leyes en lo que se refiere a su liquidez.

Ahora estamos preparados para comparar la calidad del crédito extendido por un banco con la del extendido por otro. Examinamos el balance de situación de cada banco y calculamos la ratio de activos contra pasivos ambos con vencimiento inferior a 91 días. Si la ratio es igual o mayor que uno, entonces el banco es líquido; en otro caso el banco es ilíquido y la ratio menor corresponderá al banco menos líquido. Si el balance de ambos bancos tiene el mismo ratio, pasamos a calcular y comparar la ratio de activos contra pasivos con vencimiento superior a 91 días e inferior a un año, a continuación la ratio activos contra pasivos con vencimiento entre un año y cinco años, etc. El primer ratio que sea inferior (para el mismo vencimiento) indicará qué banco es menos líquido. (Si los activos del banco no están exentos del riesgo de impago, será necesario realizar ajustes, extendiendo el vencimiento de los activos dudosos, hasta el infinito si fuera necesario. Además, debe confirmarse que todos los créditos a corto plazo del banco pueden de hecho ser liquidados al vencimiento; si no, deberán realizarse los correspondientes ajustes).

Esta definición de liquidez o, lo que puede considerarse lo mismo, de la calidad del crédito bancario no es ninguna abstracción. Es muy real. Si las deudas del banco vencen antes que sus activos, sólo podrán ser pagadas mediante la monetización de deuda. Incluso si el banco canjea sus activos de lejano vencimiento por el efectivo de otro banco, como sugiere que debe hacerse la teoría de la “negociabilidad-redescontabilidad” (shiftability), el problema no se resuelve. En este caso el banco A simplemente compra un alivio temporal para las consecuencias de su creciente iliquidez, a expensas del banco B que ahora es más ilíquido como consecuencia del canje. Pero la iliquidez del sistema bancario total, que es lo que importa en el análisis final, no puede curarse dispersando los activos a largo plazo.

Peor aún, si el tipo de interés sube, como de hecho tiene que ocurrir como consecuencia de la carrera por la liquidez, entonces el capital de los bancos ilíquidos se contraerá. De hecho, cuanto más ilíquido sea el banco mayor será la contracción. La verdad de esta aseveración se sigue de la ley matemática llamada ecuación del bono, que establece una relación rígida entre el precio del bono y el tipo de interés para cada clase de vencimiento. La relación es inversa, es decir, cuanto más alto es el tipo de interés, menor es el precio del bono, y viceversa. Además, dada una determinada subida en el tipo de interés, las pérdidas en el valor de los bonos no serán uniformes para todos los vencimientos. De hecho, las pérdidas serán mucho mayores para los vencimientos largos que para los cortos.

Por tanto, se sigue de la ecuación del bono que, en el caso de subidas en los tipos de interés, en el balance de un banco ilíquido (con un pasivo exigible con un vencimiento más cercano que el periodo de maduración de sus activos) aparecerán pérdidas de capital. A pesar de que la subida de tipos de interés producirá una caída tanto en el valor de las deudas como de los activos, la caída será mayor en la parte del activo debido al vencimiento relativamente más largo de los activos. Las deficiencias del capital resultante nunca podrán compensarse con una caída en los tipos de interés. Esto es especialmente cierto si el sistema bancario en su globalidad es ilíquido. Al tratar los bancos de hacer frente a sus deudas vencidas mediante la venta de activos (con vencimiento a largo), el precio de los bonos caerá y el tipo de interés subirá.

Hasta aquí coincide el análisis de la iliquidez bancaria tanto para un sistema de patrón oro como de papel moneda inconvertible. La diferencia aparece en la fase de desencadenamiento de la crisis que produce la iliquidez bancaria crónica.

Iliquidez bancaria en el régimen de patrón oro

Si todos los bancos de un país bajo el régimen de patrón oro son ilíquidos, entonces se producirá una deflación en ese país. Los depositantes que sepan leer y analizar balances retirarán sus depósitos de los bancos y atesorarán oro. Los bancos pierden reservas de oro, es decir, sus activos más líquidos, situándose así en una posición aun más ilíquida. Intentarán, por supuesto, proteger su solvencia liquidando inversiones y no renovando préstamos. Sin embargo, dado que todos los bancos y sus clientes simultáneamente están en una carrera por la liquidez, la liquidación forzosa de los activos hace que el valor de éstos caiga aun más, agravando así una situación ya mala de por sí. Los prestatarios de los bancos tienen problemas al serles exigido el pago de sus deudas o no serles renovados sus créditos, y algunos de ellos pueden quebrar. En este proceso el capital del banco sufre por dos lados: unos activos desaparecen al resultar incobrables y el valor del resto cae como consecuencia de la subida de los tipos de interés.

Por tanto la iliquidez bancaria generalizada no es una situación que se autocorrija sino que se agrava en el régimen de patrón oro, produciéndose un círculo vicioso: la iliquidez motiva retiradas de depósitos, haciendo a los bancos aun más ilíquidos, causando más retiradas, etc. El proceso termina con una gigantesca liquidación de todo el crédito malo, que continúa hasta que la mayoría de los bancos (supervivientes) vuelven a ser líquidos otra vez.

Salvo que los bancos tengan prohibido tomar prestado a corto plazo y prestar o invertir a largo, el proceso mediante el cual el sistema bancario se queda atrapado en la ciénaga de la iliquidez vuelve a iniciarse de nuevo. Esto da lugar a la aparición del fenómeno del ciclo económico, con sus fases de auge y depresión. El auge coincide con el periodo en que los bancos toman prestado a corto y prestan a largo, mientras que la depresión coincide con la fase en que tanto los bancos como sus clientes rehacen su liquidez. Como cada pecado lleva en sí su penitencia, algunas personas y empresas inocentes pueden verse atrapadas en la liquidación; empresas solventes pueden hundirse por la quiebra de sus clientes y personas con buena cualificación y disposición ser despedidas.

El análisis precedente muestra claramente que la causa de la deflación y el motor del ciclo económico no es el patrón oro en sí, sino la iliquidez de los bancos o su causa raíz: la pasión por endeudarse a corto y prestar a largo. A pesar de este hecho, históricamente la moneda de oro ha sido la cabeza de turco de la deflación y el patrón oro el chivo expiatorio al que atribuir la génesis del ciclo económico. Estas teorías no resisten un análisis científico y reflejan sólo la confusión en la mente de sus autores.

El patrón oro no adulterado, que no permite a los bancos acumular activos ilíquidos (les impide endeudarse a corto y prestar a largo), estaría libre de deflación y no sujeto ya a la maldición del ciclo económico.

Iliquidez bancaria bajo el régimen de moneda inconvertible

Ha habido en la historia muchos y notables experimentos diseñados para evitar el colapso de bancos ilíquidos recurriendo a la moneda inconvertible. El más grandioso de todos es precisamente el que ahora está en funcionamiento, inundando por primera vez el mundo entero de papel. Sin embargo, la suspensión de la convertibilidad con el oro no suspende ni puede suspender la validez de las leyes económicas que gobiernan la liquidez. Eliminar (descartar) el oro del sistema monetario equivale no más que a llevarse el termómetro de la cama del enfermo, dejando así a la enfermera a oscuras acerca del estado del paciente. ¿Quién sabe? Quizá el paciente se reponga antes si, cándidamente, ignora su condición febril.

Si todos los bancos de un país con moneda inconvertible son ilíquidos, entonces ese país sufrirá una inflación – en algunos casos, si la velocidad de movimiento del dinero disminuye puede darse una deflación- progresiva que culminará, necesariamente, en una hiperinflación -o hiperdeflación. Analicemos el proceso:

En primer lugar, la retirada de depósitos y el atesoramiento de oro no juegan el mismo papel que en el patrón oro. Incluso la fuga de capitales puede resultar ineficaz, porque las mermadas reservas de los bancos se reponen con nuevas reservas creadas ad hoc por el Banco central. Ciertamente, el Banco central tiene reservas para que éstas puedan hacer frente a sus deudas con vencimientos más próximos que los de sus activos. Si el Banco central vacilara en hacerlo, podría provocar un pánico que comprometería la estructura financiera del país.

En estas circunstancias el incremento de la oferta monetaria, como quiera que se defina, no es la causa sino un efecto, o un síntoma de inflación. La causa primera de la inflación, según queda expuesto aquí, es la práctica bancaria universal de endeudarse a corto y prestar a largo.

Para entender completamente el proceso inflacionario debemos darnos cuenta de que la iliquidez bancaria generalizada no se autocorrige sino que tiende a agravarse, no menos con moneda inconvertible que con patrón oro. Aquí tenemos otro círculo vicioso, aunque las retiradas de depósitos, el atesoramiento de oro y la fuga de capitales deben quedar fuera del análisis, puesto que pueden no tomar parte en el proceso. En vez de esto, el círculo vicioso consiste en el éxodo creciente y masivo de los tenedores de bonos desde los vencimientos largos a los vencimientos cortos.

Una moneda inconvertible está forzosamente basada en deuda, particularmente, la deuda del Estado. De esta forma, la calidad de la moneda (esto es, la calidad del crédito otorgado por el Banco central) se puede identificar con la calidad del crédito del Estado. Lo que, a su vez, es un sinónimo de la capacidad del Tesoro para consolidar la deuda del Estado (endeudarse a largo). Por lo tanto, la medida de la solvencia del Estado es la estructura de vencimientos de su deuda viva. Vencimientos medios progresivamente más largo indican una alta y creciente calificación crediticia. Y al contrario, vencimientos medios progresivamente más cortos significan una baja y decreciente calificación crediticia.

Si las deudas del banco vencen antes que sus créditos y tales deudas no son inmediatamente monetizadas, entonces los bancos tienen que recurrir forzosamente a la liquidación de sus activos en los mercados financieros. Sin embargo, el público sólo adquirirá dichos activos con un descuento en el precio. O lo que es lo mismo, el tipo de interés debe subir como consecuencia de la liquidación forzada de los activos bancarios. El Tesoro tendrá que financiar su nueva deuda y refinanciar la antigua a un tipo de interés más alto, infligiendo así pérdidas a los tenedores de las emisiones anteriores. Dichas pérdidas, imprevistas o no, harán que muchos tenedores de obligaciones se agolpen en los vencimientos cortos, donde el riesgo de ser masacrados es más pequeño. De este modo, el vencimiento medio de la deuda, incluida la del Estado, disminuye. Esta es una indicación de que el crédito del Estado (último garante de las reservas bancarias bajo el régimen de moneda inconvertible) se deteriora.

No hay salvación para el Tesoro en pagar un cupón más elevado en sus nuevas emisiones de obligaciones. Cada incremento en el pasado ha diezmado el valor de emisiones más antiguas en el mercado secundario, infligiendo severas pérdidas a las obligacionistas que confiaron en el crédito del Estado en tiempos más felices. Los obligacionistas no pondrán la otra mejilla. Evitarán pérdidas huyendo hacia los vencimientos más cortos en los cuales, según ellos esperan, estarán en el futuro mejor protegidos contra las pérdidas en el caso de nuevas subidas en el tipo de interés. Pero los inversores se quedan pronto sin esta salida, a medida que las deudas a corto van venciendo. Se ven literalmente empujados hacia el oro por la política de altos tipos de interés. Por lo tanto, los tipos de interés crecientes no curan el moribundo mercado de deuda a largo, sino que, más bien, lo entierran.

En resumen, si las deudas bancarias vencen antes que sus créditos, sólo se puede hacer frente a éstas monetizándolas y emitiendo deuda a corto a cambio de deuda a largo. En otras palabras, el sistema bancario, liderado por el Banco central, se ve forzado a financiar el éxodo de los ahorradores desde la deuda a largo a las deudas a corto. El sistema bancario tiene que absorber más deuda a largo a cambio de créditos a corto. Esto significa que el sistema bancario continua, a ritmo acelerado, practicando el “arte” de endeudarse a corto y prestar a largo. Los bancos se vuelven cada vez más ilíquidos, reforzándose así el círculo vicioso.

Lo que hemos dicho acerca de la sangría del capital de los bancos como resultado de la creciente iliquidez bajo un patrón oro será, por razones aun más poderosas, válido en un sistema de moneda inconvertible.

El Banco central está indefenso. Cualquier vacilación por su parte en facilitar las reservas necesarias para hacer frente a los vencimientos de los bancos simplemente destruiría el crédito del Estado. Ciertamente, tal vacilación amenazaría al mercado con una inminente y enorme subida en los tipos de interés. El Banco central desvelaría la profundidad de la sima en la que el valor de la deuda se hundiría. Los obligacionistas particulares, ansiosos por evitar mayores pérdidas, malbaratarían sus títulos. Incluso si quisieran retenerlos para el largo plazo, un descenso inminente en el precio los convertiría en vendedores. Cuando todos los obligacionistas vendan, no habrá compradores y el crédito del Estado sufrirá un daño irreparable. Como no se puede permitir que eso suceda, el Banco central tomará todas las obligaciones de las que el descontento público quiera deshacerse. De grado o por fuerza, el Banco central continúa endeudándose a corto (con el público) y prestando a largo (al Estado) cada vez en mayor escala.

El círculo vicioso, sin embargo, no puede continuar indefinidamente, puesto que el vencimiento medio de la deuda no puede ser negativo. El desenlace llega cuando el vencimiento medio se acerca peligrosamente a un año. En ese punto, la defunción de la moneda es un hecho consumado. No habrá más compradores de obligaciones fuera del sector financiero. Este hecho se identificará por una irreversible huida hacia el oro y otros activos tangibles. Puesto que un colapso crediticio ocurrirá al mismo tiempo, puede producirse una confusión semántica acerca de si el colapso es una deflación o una hiperinflación. Pero no hay necesidad de polémicas semánticas. Está claro que el colapso crediticio inducirá al desesperado Banco central a monetizar la deuda pública a una escala jamás vista. A esto seguirá una explosión en el precio del oro en dólares, referencia para el comercio internacional de mercancías. Desde este punto de vista, deflación e hiperinflación son sólo las dos caras de la misma moneda, esto es, la autodestrucción del sistema monetario y de pagos internacional, cuya primera etapa es la incapacidad del Tesoro (norteamericano) para atraer auténtico ahorro. El modo más simple de diagnosticar la fase terminal de la enfermedad es por medio del decrecimiento progresivo de la estructura de vencimientos de la deuda pública.

La Torre de Babel crediticia

Bajo el régimen de moneda inconvertible, la iliquidez del sistema bancario ha creado una desenfrenada Torre de Babel crediticia que ya no es posible liquidar por medios ordinarios. Pase lo que pase continuará creciendo. Crecerá, desde luego, si los tipos de interés bajan; pero también crecerá si éstos suben. El anterior es un nuevo aspecto llamado “efecto Ponzi” por el profesor H. P. Minsky y consiste en lo siguiente. Los bancos, poco deseosos de llevar a pérdidas sus préstamos incobrables (ya que ello volatilizaría completamente su capital y más que su capital), convencen a sus deudores, mediante alguna que otra presión si es necesario, de que se endeuden más para poder pagar los cada vez más altos intereses. Pero los tipos de interés más altos exacerban el problema: los malos créditos se van apilando uno sobre otro.

El aspecto más inquietante de la Torre de Babel crediticia es que crece más rápido que el Producto Nacional Bruto. Antes de 1960, producir un nuevo dólar de PNB comprometía menos de un dólar de deuda adicional. En los años 60, como media, comprometía dos dólares; en los setenta, tres dólares; y en lo que llevamos de los 80, un dólar adicional de PNB compromete ya cuatro dólares.

Debería estar claro que esta tendencia no puede continuar indefinidamente. La deuda adicional no tiene justificación económica en ningún caso. No produce los rendimientos necesarios para amortizarla. No produce la renta necesaria para el pago de sus intereses, no hablemos ya de producir renta consumible. Más tarde o más temprano, la fantástica Torre de Babel engendrada por la iliquidez crónica del sistema bancario tendrá que derrumbarse sobre la complacencia y la apatía dominantes.

Hay una forma, sólo una, de evitar el inminente desastre: detener el explosivo crecimiento de esta Torre de Babel de una vez bajando el tipo de interés al dos o el tres por ciento anual, donde éste tendría de nuevo relación con la productividad marginal del capital en este país. Entonces, los intereses de la deuda podrían pagarse sin recurrir a la “máquina de hacer billetes”.

Hay una forma, sólo una, de bajar el tipo de interés al dos o el tres por ciento de la noche a la mañana: hacer el dólar convertible en oro a un cambio fijado por estatuto. La reforma monetaria debe, desde luego, acompañarse de una operación de reembolso, por la cual la deuda viva se cambiará por deuda denominada en oro y con cupones pagaderos en oro a un tipo de interés más bajo. (Sin mencionar las reformas políticas necesarias para limitar la propensión a gastar de los políticos, la cual no podría avenirse con un régimen de moneda convertible.)

Esta observación se justifica por el hecho de que el oro es el activo más líquido dentro del panorama que se ofrece a un hombre del siglo XX. Décadas de difamación del oro no pueden cambiar este hecho. Que tiene que existir el activo más líquido se deduce del hecho de que la liquidez de un activo siempre puede compararse con la de otro. Entonces surge un activo que es más líquido que cualquier otro. Este activo es el oro, porque su utilidad marginal decrece más lentamente que la de cualquier otro activo, como demuestra la enorme cantidad de oro existente comparada con la pequeña producción anual de este metal. Quienes nieguen que el oro tiene esta propiedad única cargan con la tarea de encontrar el activo más líquido existente. El hecho es que si la ratio entre existencias y producción de cobre (el cual es normalmente una fracción) fuera tan alto como el del oro (el cual está normalmente cerca de 100), entonces el cobre sería un bien libre tanto como el agua, y los productores de cobre se arruinarían. En este sentido, el oro no es escaso en absoluto. En realidad, el oro es el bien más abundante que se conoce y produce. La abundancia del oro junto con su incesante demanda es la garantía para cada poseedor de este metal de que es el puerto más seguro para sus ahorros en tiempos de tormentas monetarias.

La maliciosa campaña contra el oro, y contra el concepto de liquidez, es una característica de nuestros tiempos y de la ideología colectivista que manifiesta la llamada “macroeconomía”. Pero aquellos que quieran entender qué es lo hace moverse al mercado –y al oro– deben recurrir a la “microeconomía”, a la idea de liquidez y a su contraria, la iliquidez.

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Aspectos Económicos del Problema de las Pensiones

Posted by rafaelgo on 25th octubre 2010

ASPECTOS ECONÓMICOS DEL PROBLEMA DE PENSIONES
Tal y como aparece sesenta años después

Primera parte: La eutanasia de los Fondos de Pensiones

El 23 de febrero de 1950, The Commercial and Financial Chronicle publicó un artículo de Ludwig von Mises con el título anterior. En éste el autor centra su análisis sobre la amenaza de la inflación como el mayor peligro para los derechos de pensión. Sesenta años más tarde, otro peligro se cierne en el horizonte: la amenaza de la deflación, y es tiempo para realizar un nuevo examen del problema de las pensiones.

Envilecimiento deliberado del dolar (como moneda rectora de la economía mundial)

En 1950, Mises vio el problema de las pensiones desde el punto de vista de la disminución del poder adquisitivo del dólar, una consecuencia de lo que llamó la política deliberada de degradación moneda por el gobierno de EEUU. En 1950, una de pensión de $100 por mes era una indemnización considerable, señaló. La vivienda podía ser alquilada por un mes por menos de $30 en la mayor parte del país. (En 2010, $100 no compra una noche de estancia en un hotel decente.) En 1950, el Comisionado de Bienestar de la Ciudad de Nueva York informó de que con 52 centavos de dólar se podían comprar todos los alimentos que una persona necesita consumir para satisfacer sus necesidades de calorías y proteínas. (En 2010, 100 dólares apenas compra una taza de café y un bollo para cada día del mes.)

Por supuesto, el envilecimiento de la moneda hace mucho más daño que sólo erosionar el poder adquisitivo de las pensiones. Como Mises observó, también conduce a la la insuficiencia de la acumulación de capital. Las empresas informan utilidades fantasma que enmascaran las pérdidas, desde que la depreciación subestima el uso y desgaste de la maquinaria. El ahorro es apenas suficiente para pagar el mantenimiento de capital, por no hablar de capital nuevo o las mejoras tecnológicas en la producción – la única fuente para poder pagar las pensiones a una fuerza de trabajo creciente. Cuando los jóvenes trabajadores que se unen ahora a la fuerza de trabajo estén listos para jubilarse, verán que los fondos necesarios para pagar sus pensiones simplemente no estarán disponibles.

He utilizado el dólar como ejemplo, pero esta trampa inflacionista en las pensiones ha sido la constante de todos los países. Sin una moneda estable, como el oro, no es posible que las personas puedan realizar una verdadera planificación de su jubilación.

La destrucción de capital debido a la disminución de las tasas de interés

Antal E. Feteke ha escrito extensamente acerca de la proposición, que los economistas tradicionales obstinadamente se niegan a discutir, que una tasa de interés decreciente estructural tiene un efecto perjudicial sobre el capital acumulado. En el caso de las pensiones, el capital de todos es destruido al mismo tiempo y sigilosamente.  Cuando en el tiempo el daño es descubierto, es demasiado tarde para hacer algo y las empresas van a la quiebra en masa. La tendencia a la baja de las tasas de interés es la causa no reconocida de la depresión que actualmente está devastando la economía mundial -al igual que hace 80 años.

En ninguna parte la erosión del capital causado por las bajas tasas de interés es más obvio que en el caso del capital de los fondos de pensiones. Para mantener un capital que pueda, en el futuro, garantizar el pago de las pensiones se debe ganar una rentabilidad adecuada sobre las inversiones que realice con las aportaciones presentes, pero un cambio a la baja del tipo de interés frustra este esfuerzo. Con la tasa de interés más baja, la programación original de la acumulación de capital no se puede cumplir.

Este efecto pernicioso se percibe con mayor gravedad cuando las pensiones dependen de los Estados, por el hecho de la menor rentabilidad respecto a la gestión privada. Las personas de aquellos países que han decidido ceder a sus gobiernos la libertad de elección en la mejor forma de gestionar su futura pensión, a través de los planes de pensiones públicas de la Seguridad Social, se verán mucho más perjudicadas. De momento, puede que aún no sean conscientes; y en algunos casos es posible que sean las personas que menos han sentido la pérdida en sus pensiones a costa del aumento constante del endeudamiento de sus países. Pero ese chollo está llegando a su fin.

Las repercusiones para la sociedad son devastadores. Con el progresivo envejecimiento de la población en los países industrializados, los ingresos de estos pensionistas van a ser de vital importancia para asegurar el crecimiento de los países. Y este nivel de ingresos va a estar definido, en última instancia, por los ingresos que tengan de sus pensiones. Y la tasa decreciente de interés arruina los planes de pensiones. En muchos casos el dinero para pagar las pensiones no estará allí. Por lo demás, la reducción del monto de pago de pensiones será inevitable. Los supuestos beneficios definidos para las pensiones tendrán que ser interrumpidos. Por supuesto, el problema es aún más agudo en el caso de los planes de pensiones sin fondos, tales como Seguridad Social, y cualquier plan que dependa de los gobiernos. Estos planes funcionan de la siguiente forma:  las contribuciones de los miembros activos van directamente a pagar las pensiones de los jubilados. Vamos a ver a continuación que tales planes encajan perfectamente con la definición de un esquema de Ponzi.

La gran teta del Estado va a la quiebra

Cuando un segmento importante de la población se enfrenta a una drástica reducción de los ingresos, en el caso de este análisis los jubilados,  sobre todo porque las personas jubiladas no tienen otra alternativa y no pueden buscar otras fuentes de ingreso que compensen a la disminución de las pensiones, el consumo caerá de nuevo y la disminución de la demanda tendrán también consecuencias deflacionarias en la economía. Este grave problema, así como el problema afín de la erosión de la capital de la producción de la empresa, esta siendo totalmente ignorado por los economistas y contadores. Al parecer, creen que la gran teta del gobierno, existirá siempre y será capaz de cubrir cualquier déficit aumentando su endeudamiento.

La otra opción para suplir este déficit es que las empresas puedan, a través de legislación, ser golpeadas con el costo de cubrir el déficit. En ese caso hay un “ciclo fatal”: los aumentos obligatorios en las contribuciones de pensiones reducirá los ingresos de la compañía, lo que reducirá la precio de las acciones, y que agravará la crisis de financiación de pensiones, disminuyendo las inversiones de capital. Esto también podría alentar a un riesgo excesivo potencialmente mortal para las economías del mundo. El resultado final es las políticas de interés cero – como la llevada a cabo por Japón o por Bernanke en los Estados Unidos- es, por decir lo menos, contraproducente.

Las décadas de lento descenso de los tipos de interés están lejos de terminar. Como ya hemos sido advertidos por muchos economistas, aquellos que no son Keynesianos ni Friednamitas, la monetización a gran escala de la deuda pública de Estados Unidos, y por ende a nivel mundial, a través de  paquetes de estímulo se va a impartir una nueva caída (en lugar de una aumento) en la tendencia de la estructura de tipos de interés, debido a la oportunidad que crea de beneficios gratis sin riesgo. Los especuladores de bonos preparan la emboscada perfecta a la Reserva Federal en sus viajes periódicos al mercado de bonos para hacer sus compras regulares de mercado abierto a fin de aumentar la oferta de dinero. Ellos compran los bonos de antemano a fin de vendérselos después a la Reserva Federal cuando haya comprado su cuota. Y en sus bolsillos se quedará la diferencia. Estos beneficios-libre-de-riesgos explican una gran parte de la deflación de la actualidad: la el aumento de precios de los bonos (es decir: las tasas de interés a la baja), así como la caída de precios. El dinero nuevo que la Reserva Federal ha creado a través de sus compras de mercado abierto no fluye a los productos básicos, bienes raíces, o los mercados de valores como se esperaba por los responsables políticos. Permanecerá en el mercado de bonos en donde los riesgos son los más pequeños, permitiendo una  financiación adicional al mercado de bonos que mantendrá una estructura especulativa alcista. El resultado final será una nueva caída en la tasa de interés, la exposición de los fondos de pensiones se expondrá a peligros aún mayores.

Tenga en cuenta que estos peligros son añadidos a la amenaza para el valor de las pensiones socavados por la inflación pasada, sobre la que Mises había advertido hace sesenta años. Ello podría verse aún más perjudicada en caso de que el aumento imprudente de la deuda pública espante, por miedo, a los especuladores de bonos y otros inversores, incluidos los titulares de Exteriores de la deuda de los EE.UU., por ejemplo, el gobierno chino. En caso de que comiencen a deshacerse de los bonos en el mercado, se impulsarían al alza las tasas de interés y los precios de los productos básicos a niveles mucho más altos. Los pensionistas, cuyas pensiones dependen de los estados deficitarios, están condenados a sufrir nuevas caídas en sus rentas. Si las tasas de interés suben o si van más abajo, las pensiones están en riesgo. En el caso de crecientes tasas de interés que su valor será diezmada. En el caso de interés a la baja las tasas de contribuciones a las pensiones no será capaz de obtener un rendimiento necesario para acumular el capital necesario para pagar pensiones de beneficios definidos.

Las pensiones indexadas = pensiones Ponzi

En los últimos años el problema de las pensiones ha sido barrido bajo la alfombra. Durante los últimos sesenta años los expertos han inventado “indexación”, como la cura para la erosión de las pensiones. Indexación significa que los pensionistas pueden ser compensados por la erosión de sus las pensiones debido a la inflación, haciendo ajustes anuales al alza ligada a algún índice o forma de “medir” la inflación. Esto significa que los poderes son conscientes del problema de pensiones. Ellos están dispuestos a tratar los síntomas, pero aún se niegan a tratar la causa real de la enfermedad. Sus perspectivas sobre la inflación como “algo dado en la naturaleza”, más allá del poder del hombre, es hipócrita y taimado. La idea básica de la indexación de las pensiones es que en la sociedad de la redistribución se tienen siempre los medios para validar todos los derechos de pensión, ya que el gobierno puede pedir prestado sin límite. El tema de la financiación de las pensiones es un anatema para los keynesianos que gobiernan la economía. La forma ”moderna” de financiación, es hacer de las pensiones de “Pay-as-you-go”. Este es un eufemismo para las pensiones de Ponzi, en el que actualmente los trabajadores en activo están obligados a pagar las pensiones de los jubilados. Trabajadores presentes que serán compensados después de su jubilación por los aportes de los miembros activos a continuación. Esto es claramente fraudulento, ya que hace a un tercero hipotético asumir todo, la peor parte del acuerdo. Las personas son introducidas en el pacto sin su consentimiento. Algunos de los miembros que pagará la pensión de los ahora trabajadores activos ¡no han nacido todavía! El punto clave es: las contribuciones no serán capitalizadas a la recepción sino que se disipa. Las contribuciones de pensiones deben ser capitalizadas con el fin de convertirlo en una fuente significativa de las pensiones futuras. Los derechos dede pensión de los trabajadores actuales podrían ser objeto de veto por parte de los trabajadores del mañana, que encuentran este acuerdo injusto. Sólo las pensiones por capitalización son seguras (¿y lo cuál es el uso de una pensión si no es seguro?) y sólo en virtud de un estándar de oro tal de seguridad puede existir. Cualquier otro tipo de acuerdo puede terminar, como las víctimas de la redistribución socialista, en que la sociedad despierte un día y se rebele. John Maynard Keynes, en un ataque de sinceridad, soltó una frase que sólo ahora ha revelado su verdadero sentido: la eutanasia del rentista. Se regala la “Pequeño secreto lamentable” de la sociedad de redistribución: robar a los pensionistas que pueden ya no tomar “la huelga” y con el producto de arrojar polvo a los ojos de el resto de la gente.

La relevancia del patrón oro para el problema de las pensiones

Como podemos ver, en el corazón del problema es la desestabilización de la tasa de interés debido, en primer lugar, a sabotear y, luego, a la destrucción del patrón oro por los gobiernos. No se conoce ninguna forma de estabilizar los tipos de interés, sino por la definición de los valor de la unidad de la moneda como una cantidad fija y la finura de oro. De esta manera, la cantidad adeudada por los pagos aplazados se fija. Cualquier incumplimiento de la promesa de la los pagos a futuros se nota de inmediato tan pronto como se produzca. La diferencia entre el patrón oro y el patrón actual de monedas inconvertibles es (es una diferencia muy importante): la promesa de hacer pagos futuros en moneda inconvertible es una promesa sin sentido, porque la violación puede ser – y será – camuflada en muchos aspectos. Esto augura una catástrofe. El segmento de jubilados de la población será sumido en la miseria. La única manera de evitar esto es estabilizar la tasa de interés estructural a través de la rehabilitación del patrón oro deliberadamente y  con toda la rapidez posible. Una caída en la tasa de interés tiene un efecto directo de la disminución de la vuelta a la de capital de los fondos de pensiones, sean públicos o privados. Esta disminución deberían ser compensadas incrementando las deducciones de nómina. Es evidente que esto no se hace, porque es inviable. Lo que no está claro es si la razón de esta omisión es la ignorancia por parte de los economistas y la profesión de la contabilidad, o si es debido a una decisión política. ¿Es posible que el gobierno, motivado por el principio de “mejor dejar las cosas como están para evitarme problemas” estén destruyendo a sabiendas nuestras pensiones?. Ciertamente, el gobierno no quiere alarmar a la gente y poner viento en la velas de la incipiente movimiento exigiendo la devolución inmediata al patrón oro, a pesar de que esta es la única manera de estabilizar las tasas de interés lo que hace pensiones asequibles de nuevo. Los últimos vestigios del patrón oro fueron desechados de manera unilateral por la gobierno de los Estados Unidos en 1971, quien además forzó al resto de naciones a seguir sus pasos. Es el gran responsable de este problema a escala mundial. Este evento coincidió con el inicio de la mayor giro en el tipo de interés en una escala mundial. En una década las tasas de interés se dispararon a dos dígitos. Luego un lento descenso, que comenzó en la década de 1980, que empuja a las tasas de interés inexorablemente hacia cero. La primera (tasas de interés crecientes) fue acompañada de una gran oleada de la inflación, eliminando una gran parte del valor de los derechos de pensión. El segundo movimiento (la caída las tasas de interés), que aún continúa, ha traído la deflación. Que aún no ha conseguido manifiestar del todo su efecto corrosivo en los fondos de pensiones. Aun así, las fuerzas que conducen el tipo de interés a cero, es responsable de la erosión o de la destrucción de todo el capital, incluyendo el capital acumulado de los fondos de pensiones. Aunque los historiadores no hacen publicidad de los hechos, una gran cantidad de los fondos de pensiones fue quiebra en la década de 1930, y los restantes vieron obligados a reducir los importes que se había comprometido a pagar a sus pensionistas. Los economistas no ofrecen una explicación de este fenómeno universal. Sin embargo, la explicación es clara: el acumulado de capital de los fondos de pensiones fue gravemente afectada, y en algunos casos totalmente borrado, por la caída de la estructura de tasas de interés. Exactamente las mismas causas que tenemos funcionando en este momento, y cuyos efectos ya nos ha demostrado la historial cuales será. La única diferencia es la mayor escala de destrucción de capital en el episodio actual.

Las expectativas de los ni-ni europeos en el tema de las pensiones

Será la insolidaridad intergeneracional y que me estoy volviendo adulto, pero me cuesta entender que los más jóvenes, por ejemplo en Francia, se manifiesten para impedir cualquier reforma del sistema público de pensiones; a saber, ese timo piramidal por el cual ellos están sufragando la temprana jubilación de sus mayores a cambio de que nadie sufrague la suya cuando lleguen a la ancianidad. Porque, tal y como está invertida la pirámide a día de hoy, la cuestión dentro de unos años será ésa: si la Seguridad Social colapsará antes o después; si se tendrán que reducir las pensiones mucho o muchísimo; si la edad de jubilación se retrasará hasta los 70, los 75 o los 80; y si las cotizaciones de los trabajadores “los llamados proletarios” serán todavía más gravosas de lo que ya lo son.

Los sistemas públicos de pensiones europeos son tan eficientes que tienen que arrebatar alrededor del 30% del salario de los trabajadores para sufragar unas pensiones míseras o tirando a míseras; así en España, así en Francia. Al tiempo, la tasa de desempleo juvenil alcanza la sangrante media del 20,5% en la Unión Europea: el 22,5% en Francia y el 42,1% en España. Porque el paro persistente y estructural tiene una causa –una– y es que los salarios que desean percibir los trabajadores (o se les obliga a percibir vía salarios mínimos y convenios colectivos) son superiores a su creación de valor dentro de la empresa. Venimos de unos años donde muchos precios –incluidos muchos salarios– se inflaron de manera insostenible gracias a la hinchazón crediticia; normal que con su contracción muchos precios –incluidos muchos salarios– deban ajustarse a la baja. Nadie se sorprenda, pues, del desempleo: aquellos mercados donde los precios se mantienen artificialmente altos se caracterizan por la acumulación de excedentes productivos que no pueden colocarse a los consumidores; tal es el caso del ejército industrial de reserva que estamos creando en Occidente gracias a nuestra envidiable rigidez salarial. Por supuesto, la vida sería mucho más sencilla si en lugar de bajar salarios redujéramos nuestras mordientes contribuciones a la Seguridad Social, porque lo relevante para aquellas industrias en crisis no es que los salarios caigan, sino que lo haga el coste de la contratación; y un 30% de este coste de contratación –ahí es nada– son contribuciones a la Seguridad Social.

Pero claro, nuestro descompuesto sistema público de pensiones no puede permitirse renunciar a ese tercio de salarios si es que quiere sobrevivir unos añitos más en su moribundo estado actual. Así que ya lo tienen: nos quedamos con salarios demasiado altos, con contribuciones demasiado elevadas y con tasas de paro insoportables. ¿Respuesta entre los damnificados? Nada, los más jóvenes salen a la calle para entonar el vivan las caenas, para celebrar y exigir la permanencia del sistema que, primero, les imposibilita constituir un amplio patrimonio a lo largo de su vida laboral y que, ahora, les impide que posean siquiera una vida laboral.

No son conscientes de que pueden elegir libremente volverse adultos y responsables de sus actos, y que la privatización de las pensiones puede ser, para ellos, la única alternativa de tener un futuro digno. El incremento real de nuestro bienestar que se produciría en el caso de abandonar los esquemas estatistas e invertir el dinero de nuestras pensiones  es simplemente espectacular. El estudio, por ejemplo, concluye que una persona que empezara a invertir a los 25 años 700.000 pesetas y luego incrementara la cuantía en un 4% cada año (728.000 pesetas el segundo año, 757.000 el tercero…) podría jubilarse a los 50 años con unas rentas mensuales de casi 400.000 pesetas y un patrimonio de 64 millones. Por supuesto, cuanto mayor sea la aportación anual antes podrá decidir jubilarse el inversor (incluso a los 40 años); si no, percibirá rentas aún mayores.

Piense incluso en este supuesto, totalmente realista: unos padres que decidan hacer a su hijo recién nacido el que sin duda será el mejor regalo que reciba en su vida: abrirle un fondo de valores bursátiles de dos millones de pesetas. Ese fondo se habrá revalorizado hasta los 15 millones cuando el niño ya no sea tal y cumpla 30 años: le proporcionará unas rentas pasivas mensuales de más de 100.000 pesetas. Todo ello sin que el niño trabaje y, lo que es más importante, ayudando a crear riqueza en el resto de la economía.

El problema es que la inmensa mayoría de la población ha crecido en una sociedad de trabajadores ajena a la actividad empresarial e inversora. Quien quiere alcanzar una posición económica holgada se esfuerza por conseguir un puesto de trabajo de alta remuneración, y para ello está dispuesto a estudiar entre 15 y 20 años; pero luego descuida la organización de sus finanzas personales. Dicho de otro modo: la mayoría de la sociedad comete el fatal error de confundir renta con riqueza. Los ricos no lo son porque obtengan cada año unas rentas muy elevadas que les permitan gastar de manera desbocada, sino porque han amasado un gran patrimonio y lo están destinando a tareas productivas.

Si percibimos grandes rentas salariales pero carecemos de riqueza podremos consumir como ricos durante un tiempo, pero cuando esas rentas se interrumpan (por ejemplo, porque seamos despedidos) careceremos de un colchón que nos permita mantener nuestro status de vida. Tendremos que recortar drásticamente nuestros gastos, incluso liquidar parte de nuestra exigua riqueza (pensemos en un desempleado que tenga que vender su coche nuevo poder pagar las cuotas de la hipoteca).

Si queremos consumir como ricos primero deberemos tener el patrimonio de un rico, y para ello sólo hay un camino: capitalizar nuestras rentas, esto es, ahorrar e invertir. O, como diría Robert Kiyosaki, deberemos pasar de una situación como la actual, donde trabajamos para el dinero, a una donde el dinero trabaje para nosotros. Sólo la sociedad de propietarios crea los incentivos para que emerja esa necesaria cultura financiera, al hacer a las personas responsables de su dinero y de su propio futuro.

El ejemplo de Chile

Aunque digan que caigo en un cliché, es cierto que el primer país en dejar un sistema de redistribución de pensiones y pasar a uno privado en las últimas decadas ha sido Chile. Así que es interesante conocer como va este caso. Pero pondré la clásica coletilla de los fondos de pensiones de cualquier banco español “rentabilidades pasadas no aseguran rentabilidades futuras”. El ahorro privado de las pensiones chilenas ha contribuido en básicamente 2 cosas: Ayudar al crecimiento del país, que ha pasado del 3% a un 7%. Además de aumentar el monto que están recibiendo por las pensiones año a año. Y un beneficio extra: las aseguradoras de pensiones tienen normalmente un seguro en caso de muerte del titular, con unas pensiones para sus hijos que ya quisieran muchos españoles.

Para terminar, dos efectos beneficiosos de una sociedad de propietarios frente al Estado de Bienestar. El primero es que, a diferencia de éste, no destruye la riqueza, sino que la estimula. La acumulación de capital se incrementa enormemente gracias a los nuevos ahorros de las personas; igualmente, crecen la productividad y los salarios. La segunda es que nos vuelve independientes del Estado y de su aparato redistributivo. Nuestra pensión futura o nuestra seguridad presente no dependen de un aparato coactivo y centralizado, sino de nuestro propio patrimonio. ¿Permitiría que su alimento dependiera de la aquiescencia de un tercero? Hoy, su salud y su manutención en el futuro dependen de que el Estado siga transfiriéndole recursos a través de su aparato coercitivo. ¿Se ha parado a pensar qué le sucedería si dejara de hacerlo, o si le amenazara con dejar de hacerlo?

Fuentes
1) Antal E. Feteke – Economic Aspects of the Pension problem
2) Libertad Digital
3) La revista deLibertad Digital

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¿Hiperinflación o Hiperdeflación? by Antal E. Feteke

Posted by rafaelgo on 2nd junio 2010

La Teoría Cuantitativa del Dinero

El artículo de James Turk Hyperinflation looms (telares de hiperinflación) del 20 de abril de 2010 se basa en la Teoría Cuantitativa del Dinero (QMT en inglés). Dibuja una analogía entre la Alemania de Weimar de 1923 y los Estados Unidos de 2010. Ambos preceptos son inválidos. En cuanto a la QMT se refiere, basta recordar el hecho mismo admitido por Turk, que es posible tener una escasez de dinero simultáneamente con el exceso de trabajo de las prensas de impresión (de papel moneda). La hiperinflación no es lo mismo que la inflación final de la oferta monetaria. Es la depreciación última de la unidad monetaria. Dos conceptos que están lejos de ser lo mismo. Pero la QMT no llega a entenderlo.

La razón por la que falla la Teoría Cuantitativa del Dinero es que ese dinero no es unidimensional. De hecho, es de dos dimensiones. Cantidad es una parte, y la otra dimensión es la velocidad de  circulación. Los bancos centrales controlan la primera dimensión y el mercado controla firmemente la segunda. Mientras el buen tiempo dura, la velocidad puede ser ignorada (por eso la Teoría Cuantitatida del Dinero puede ser una buena aproximación en muchos casos). Pero tan pronto como aparece el mal tiempo, vuelve la velocidad con una venganza. Si se incrementa, hablamos de inflación. Si disminuye, se habla de deflación. En el caso extremo, el aumento de la velocidad puede empezar a alimentarse a si misma y la velocidad podría crecer más allá de cualquier límite. La gente compra cualquier cosa que pueda tener en las manos porque espera que los precios sigan aumentando. Esto es la hiperinflación, aniquilando el valor de la unidad monetaria. Se trata de un proceso irreversible: cuando el papel fiducitario pierde su valor, se pierde para siempre (yo pude comprobar este proceso en Perú, cuando hubo hiperinflación durant el primer gobierno de Alan García). El péndulo ha dejado de columpiarse. Si hay un rebote, será un dead-cat bounce (el término en inglés es dead-cat bounce -salto de gato muerto- alude a la recuperación de la bolsa sin mejora de sus fundamentales, por lo que terminará en una nueva caída).

Pero también es posible que, en el otro extremo del espectro, la contracción en la velocidad de circulación se niegue a detenerse y empiece a retroalimentarse. Las personas posponen las compras indefinidamente, ya que esperan que los precios bajen aún más. Esta es la hiperdeflación. Se manifiesta a si misma con cada aumento del valor de la unidad monetaria. Es importante remarcar que se puede dar mientras algunos precios siguen subiendo. Aparte del oro, la comida y la energía son dos importantes excepciones. La gente tiene que comer, y quieren mantenerse calientes y en movimiento, sin importarle el precio.  Paradójicamente, esto puede reforzar la deflación. Porque por el aumento de los precios de los alimentos y de la energía la gente tendrá mucho menos  para gastar en otros bienes, acelerando la caída de los precios en otros sectores. Esto va en contra de los argumentos de Turk y otros que tratan de refutar el caso de la deflación señalando el aumento o los altos costes de los alimentos y la energía.

Lo primordial en cualquier patología del dinero es que el gobierno es impotente. Una vez que se llega al punto de no retorno, no hay nada que los gobiernos puedan hacer para convencer a la gente que el proceso va a terminar – excepto abriendo la Casa de la Moneda al oro y/o la plata. En lo que concierne a las personas, la retroalimentación de su experiencia les dice que se espera más de lo mismo.

No estoy tratando de mediar entre dos escuelas de pensamiento, una afirmando que la hiperinflación y la otra afirmando que la hiperdeflación del dolar es inevitable e inminente. Simplemente estoy tratando de señalar ciertos hechos sobre la deflación que la mayoría de la gente desconoce, o tiende a ignorar.

Permítanme decir primero que no es imposible que el dólar vaya a sufrir una hiperinflación durante el período comprendido en los próximos 12 meses. Por ejemplo, consideremos el caso de una guerra real (de fuego) entre los Estados Unidos e Iran en el Golfo Pérsico. Después de una euforia inicial, los militares estadounidenses podrían empezar a sufrir reveses en tierra, mar y aire, simplemente por la caída de una de las líneas de comunicaciones con la base de operaciones, y también debido al celo patriótico por parte de los defensores (como en Vietnam). En este escenario, la hiperinflación del dólar podría ser un resultado posible. Pero llegar a la guerra amenaza con destruir suministros e instalaciones productivas y la palabra “hiperinflación” nos suena hueco en el oido.

Post-Guerra Mundial-Alemania contra Post-Guerra Fría EE.UU

Para trazar un paralelo, como hace Turk, entre la Alemania de Weimar y los Estados Unidos hoy en día es, por decir menos, grotescamente poco realista. En 1923 el una vez poderoso ejército alemán fue derrotado y desarmado, la marina fue echada a pique, el territorio del país se truncó mal por el Tratado de Paz de Versalles, la región del Rin se encontraba bajo la ocupación militar, mientras que el resto del país todavía estaba bajo un bloqueo parcial. Ningún especulador tocaría la caída Reichsmark, excepto a corto plazo.

En contraste, los Estados Unidos en el año 2010 tiene un ejército, la marina y la fuerza aérea que se pueden poner en estado de alerta en cuestión de minutos. Sus bases militares salpican la superficie del globo. El hecho imperioso es que todo el mundo sigue estando ansioso por vender sus mercancías en el mercado americano, y está feliz de dar de nuevo el producto de sus ventas con el fin de financiar las futuras compras de EEUU (financiando el déficit, se entiende). Además, es un hecho que el mercado de bonos del Tesoro de EE.UU. de comercio de la deuda sigue siendo el más grande y más líquido del mundo. Cabe destacar que aún tiene espacio para subir – lo que ofrece a los especuladores jugosas ganancias en un momento en que el boom está fuera de la población y los mercados de bienes raíces. ¿Cómo se pueden comparar las circunstancias de un mendigo con las del emperador – pródigo y en bancarrota, aunque esto último pudiera ser?

Todos los signos que nos rodea apuntan a la deflación. La oferta monetaria se bombea hasta el una escala sin precedentes, pero lo único que hace es empujar una cuerda. No se puede contruir un caso, como Turk está tratando de hacer, fuera del hecho de que el precio del crudo se duplicó en comparación con su precio mínimo. Otro hecho, más sorprendente, es que el precio del petróleo ha disminuido 45 por ciento en comparación a su precio máximo histórico. Tenemos que ver la caída general de los precios mundiales, aunque en algunos casos, puede ser disfrazada como una pérdida de poder de fijación de precios de los productores. Es cierto que los precios de catálogo no disminuyeron, pero nadie comercia con ellos. Son una fachada solamente.

Obviamente, necesitas una teoría para explicar lo que está pasando que no sea el QTM. Te ofrezco esa teoría. La he llamado el Agujero Negro de Interés Cero. Cuando la Federal Reserva (la Fed) está reduciendo la tasa de interés a cero (en la medida en que necesita empujar), la destrucción masiva de capital se lleva a cabo discretamente pero no por ello menos eficaz. La deflación es la medida de la riqueza en el proceso de autodestrucción -la riqueza se ha ido para siempre. La Fed está derramando aceite sobre el fuego, ya que está tratando de impulsar las tasas a largo plazo hacia abajo después de que haber logrado presionar las tasas de corto plazo a cero. Se limita simplemete a hacer que la riqueza se autodestruya, y eso hace irresistible la atracción al Agujero Negro.

Pero ¿por qué es que la excesiva creación de dinero por la Reserva Federal no está teniendo ningún efecto duradero en los precios? Se debe a que la Reserva Federal puede crear todo el dinero que quiere, pero no puede hacerlo fluir cuesta arriba. El nuevo dinero fluye hacia abajo donde está la diversión: para el mercado de bonos. Los especuladores de bonos están haciendo su agosto. Sus apuestas están en la casa: si pierden, las pérdidas son recogidas por el erario público. Pero ¿por qué la Fed asume las pérdidas de los bonos los especuladores? Lo que vemos es un gigantesco esquema de Ponzi. El Tesoro emite los bonos por el billones (trillones en inglés), y promete grandes ganancias sin riesgo para los especuladores de bonos con el fin de inducirlos a comprar. La mayoría de los especuladores creen que la oferta del Tesoro no es un farol y compran. Algunos pueden creen que la Fed está infravalorando las dudas y las venden. Pero cada vez que lo hacen, sólo ven beneficios no percibidos. Lo que tenemos aquí es una relación simbiótica rara entre el gobierno y los especuladores.

Cuando se vio forzado a la quiebra por los tribunales, y sus clientes perdieron todo que invirtieron, Charles Ponzi declaró que habría pagado hasta el último centavo que le habían dejado. No hay ninguna razón para dudar de su sinceridad. Ahora, 90 años después, el sueño de Charles Ponzi se ha hecho realidad. El gobierno de EE.UU. está duplicando el esquema de Ponzi en el mercado de bonos. La única diferencia es que la hoguera es mucho más alta: ¡es la economía nacional (se refiere a la econmía de Estados Unidos), más aún, la economía mundial! Y, lo más importante, esta vez no hay absolutamente ningún peligro de que la tribunales detengan la estafa. El mundo pide ser engañado.

Artículo original en la Web de Antal E. Feteke: http://www.professorfekete.com/articles/AEFPositionPaper1.pdf

Notas de la traducción Lo que se encuentra entre paréntesis son aportaciones mías a la traducción para hacerla más entendible.

Comentario Adicional

En España, como muchos lo saben, se puede apreciar lo que esta teorizando Antal Feteke. La inflación española lleva los últimos meses sobre el 1,5%, debido a los precios de la energía, pero quitando los elementos volátiles llevamos varios meses entre el 0,1% y -0,1% de inflación: es decir, la deflación está con nosotros y es posible que se retroalimente con las medidas que el gobierno de ZP tome.

Y en Estados Unidos la situación no es muy distinta. Como explicaba en el artículo Señales de una W en el crecimiento mundial, la masa monetaria esta disminuyendo pese a la enorme cantidad de dinero que está imprimiendo la FED.

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El dinero fiducitario en agonia lucha contra el oro

Posted by rafaelgo on 20th abril 2010

El crédito se encuentra colapsado en todo el mundo. Tanto en España, como en los Estados Unidos y para los hijos de la Gran Bretaña, el crédito a particulares y empresas se encuentra en descenso. El colapso del crédito que estamos presenciando es la agonía del dinero fiducitario: la agonía de la moneda de curso legal que se convirtió finalmente, para mejor control de los Estados, en una moneda finalmente irredimible.

Irredimible, porque es una moneda que no vale nada en la realidad, pero representa un compromiso de pago. Hasta hace poco más de 50 años, era un compromiso de pago en oro, algo tangible que podias intercambiar luego por lo que quisieras. Pero actualmente es irredimible, porque es un compromiso de pago en..otros billetes, que a su vez son compromiso de pago en más billetes y asi nos tienen tonteando durante el último siglo.

No vayan a creer que la moneda irredimible es algo nuevo. Los gobiernos y su clientela de bancos han tratado, durante cientos de años, de injertar este repulsivo y degenerado bastardo en el organismo vivo de la sociedad. No es casualidad que todas las dictaduras comiencen limitando el acceso de las personas al oro. No importa si son dictaduras de izquierdas o de derechas, la cosa es quitarle al pueblo el poder de controlar al Estado.Y el resultado final ha sido siempre el mismo: el organismo sano rechaza en su momento al anormal implante.

Lo que nos ocurre ahora, no es distinto de lo que ha ocurrido en otras épocas, aunque por la fuerza de la costumbre, llevamos 101 años de estos papelitos que nos han metido como moneda de curso legal, nos cuesta entender que el oro es y sigue siendo la moneda por excelencia no por decisión de unos pocos, sino porque hasta ahora nadie ha encontrado mejor moneda que el propio Oro. Y no hay nada mejor que la libertad de la gente, libertad de la que no puede disfrutar con una moneda irredimible, ni con monedas que sean consecuencia de una ley que la declare obligatoriamente de curso legal.

Cuando el 15 de agosto de 1971 Richard Nixon incumplió el pago en oro de las obligaciones de los Estados Unidos y declaró al dólar irredimible como medio de pago supremo y liquidador óptimo de la deuda, se basaba en expertos consejos del economista Milton Friedman de Chicago. Cinco años más tarde, el más antiguo de los bancos centrales del mundo (el Riksbank de Suecia) otorgaba a Friedman el premio establecido en memoria de Alfred Nobel. La recompensa sería el reconocimiento por su brillante idea de que si el banco central roba poco a poco a la gente (digamos que diluyendo la moneda a una tasa fija del 3 por ciento anual), las víctimas nunca gritarán “nos robaron”. Tampoco nunca se percatarán del robo.

Pero no estan robando. Y como son hábiles ladrones de guante blanco no nos damos cuenta. Como vemos que producto de la inflación que nos causan nuestros salarios aumentan nos tranquilizamos. Pero no nos damos cuenta que nos roban por todos lados. Que el control de una moneda de curso legal irredimible nos pone a merced de los estafadores y ladrones banqueros centrales y todos aquellos a los que financian para cantarnos las bondades de esta antinatural moneda.

El régimen del dólar irredimible (hablo del dolar, pero es aplicable al Euro, a la Libra Esterlina o a cualquier moneda que se les ocurra) pronto fue puesto a prueba. En 1979 todo se les fue de las manos, como si un genio escapara de la botella. El precio del petróleo, la plata y el oro se cotizaban a precios veinte veces mayores que antes de 1971. En el caso del azúcar el factor de aumento estuvo próximo a cuarenta. Las tasas de interés necesitaron de dos dígitos para frenar el colapso, más allá incluso del 20%. Hubo pánico en toda la faz de la tierra. El acaparamiento de productos se convirtió en una forma de ganarse la vida. Todo el mundo esperaba lo peor.

Fue en este momento cuando se inventó el concepto de “meta de la inflación”. Anteriormente las manifestaciones de poder de los bancos centrales eran más bien modestas. Se suponía que los bancos centrales fijarían la meta de las tasas de interés a corto plazo. Más tarde se apoderaron de las metas en la oferta de dinero. Luego reclamaron también poderes sobrenaturales de micro-gestión de los aumentos de precios. Aparentemente todo estaba funcionando, de forma que el genio fue obligado a regresar de nuevo en la botella.

En las siguientes tres décadas, quienes tuvieron a su cargo la toma de decisiones políticas junto con los economistas influyentes, estuvieron cada vez más convencidos de que en la fijación de las metas de inflación habían encontrado el Santo Grial de la moneda irredimible: sentían haber encontrado la forma de hacer humano su Frankenstein monetario. Frederic Mishkin, Profesor de la Universidad de Columbia y ex gobernador de la Reserva Federal, publicó en 2007 el evangelio de las metas de inflación bajo el título Estrategia en Política Monetaria. En su libro define las metas de inflación como “estrategias de información incluida para conducir la política monetaria”.

Pero las mentiras no se pueden ocultar eternamente e irónicamente, el desastre golpeó justo en el momento en que los profetas de las metas de inflación se convertían en engreídos, más allá de toda medida de modestia. De hecho, provocaron un gran debate no sólo en las revistas americanas, sino también en las Inglesas. Ben Bernanke, que en el ínterin fue nombrado presidente de la Reserva Federal, contribuyó con el discurso de apertura y con el título para el debate: “La Gran Moderación”. Según su descripción, lo que estaba sucediendo a comienzos de 2007 en la macroeconomía era una reducción de la volatilidad en el ciclo de los negocios: un crecimiento más consistente, menos episodios de inflación, una mayor estabilidad. The London Times publicó una jubilosa pieza a comienzos de 2007 precisamente con ese título: “La Gran Moderación”. Y en su primera línea expresaba que: “La historia se maravillará de la estabilidad nuestra época”.

Porque medían la inflación sólo de algunos productos mientras que otros, como la bolsa y las viviendas, se consideraban como “inversión” para no ver que estaban creciendo de una forma poco sana. Estos grandes genios se demonstraron incapaces de preveer y advertir de los grandes peligros económicos que nos acechaban, y nos siguen asechando, a todos nosotros debido a su Frankenstein monetario. Al final, la historia terminará maravillándose de lo tontos que hemos sido todos, al dejarnos manipular por un grupo de personas inescrupulosas a las que decidimos entregar nuestra libertad al no oponernos a sus manejos económicos.

Y muchos economistas pelean ahora para darles aún más poder a estos banqueros centrales. Para que sigan haciendo de las suyas. Estos economistas bien remunerados por los bancos tienen todo el derecho a querer ser robados y saqueados. Pero no tienen ningún derecho a hacer de abogados para que el resto de los mortales sea engañado por los siglos de los siglos, mediante esta cruda forma de saqueo.

El patrón oro es un requisito previo indispensable para la libertad. Sin él los individuos están indefensos frente a la constante y permanente violación del gobierno y de los bancos a sus derechos de propiedad. El derecho a solicitar oro a cambio de billetes o depósitos bancarios va mucho más allá del mero intercambio de una forma de dinero por otro. Es la única manera de controlar el poder ilimitado del gobierno que se manifiesta con la creación ilimitada de depósitos bancarios. La combinación del poder gubernamental con el poder de los bancos para crear depósitos es especialmente peligrosa para la libertad de las personas, debido a la doble moral que significa. El gobierno exime a los bancos de los efectos de la ley contractual a cambio de que los bancos concedan el trato especial acordado a la deuda pública del gobierno.

Muchos economistas critican la posibilidad de que las personas puedan almacenar su oro fuera de los bancos cuando hay temor, y que eso demuestra una de las imperfecciones del oro como moneda. El atesoramiento de oro no es una mancha en el patrón oro, es su principal excelencia. Cuando un número suficiente de personas están preocupadas por la intrusión de esta combinación de poderes, o desaprueba las políticas monetarias del gobierno y/o las políticas crediticias de los bancos, bajo un patrón oro nunca quedan indefensas. Pueden retirar su oro del sistema bancario, indicando así al gobierno y a los bancos que a menos que enmienden sus procedimientos y pongan fin a sus aventuras en la creación de deudas, se encontrarán insolventes y sin poder. El patrón oro da esta ventaja tan democrática a los ciudadanos. El ideal de un gobierno limitado no tiene sentido a menos que esté reforzado por un patrón oro que niegue a dicho gobierno el poder de emitir cantidades ilimitadas de divisas. No hay otra forma de hacer esto sino es exigiendo que las promesas del gobierno sean redimibles en algo más que en billetes de banco.

Una vez el gobierno convierte la moneda en irredimible, se pone a sí mismo en posición de recortar los derechos y libertades de las personas como estime conveniente. Y así es como se logra derrocar con eficiencia a un gobierno constitucional. Una vez que el gobierno usurpa el erario público, su poder se vuelve incontrolable. El debate sobre los presupuestos, en el Parlamento o en el Congreso, se convierte entonces en una farsa anual. Nada se interpone en el camino de los políticos sin escrúpulos para socavar el gobierno constitucional. El poder adquisitivo de la moneda se marchita constantemente, año tras año. Los bancos son liberados de las limitaciones que el pueblo ejercería sobre ellos en virtud del patrón oro. La caja de Pandora de la corrupción se abre y su contenido contamina el sistema económico, político y social de la nación. Los gobiernos que emplean la moneda irredimible conquistan el control incondicional sobre el comercio exterior, sobre las tasas de cambio, las inversiones extranjeras y los viajes. Incluso sobre la cantidad de dinero que una persona puede entrar o sacar del país. Los más poderosos gobiernos compran la lealtad de los gobiernos menos poderosos.

La muestra más clara en Europa es España, con su moneda que nació irredimible, el Euro, y sus Cajas de Ahorro. Si el presupuesto se hace con un desface del 17% da igual, ya se emite más deuda. Ya se encargarán nuestras quebradas cajas de seguir comprándole deuda al Estado que algo de rentabilidad les da. Y quedan como zombies en el sistema financiero, no prestando dinero ni fomentando la actividad económica. Sólo manteniendo a un Estado derrochador y a las corruptelas regionales que se dan el lujo de abrir embajadas.

Bajo el patrón oro no perduran balanzas fiscales negativas mucho tiempo, ni tampoco los déficit presupuestarios. Hay fuerzas que limitan las pérdidas persistentes de oro que tienden a corregir estas distorsiones. Por el contrario, bajo el régimen de la moneda irredimible las distorsiones económicas pueden persistir indefinidamente. Y tales distorsiones finalmente se vuelven muy destructivas. Esto sucede porque los burócratas del gobierno no pueden proporcionar el mismo nivel de sabiduría que puede alcanzar un pueblo libre para actuar en su propio interés.

Un gobierno puede acceder al control total de la población, ya sea por el uso de la fuerza militar o mediante el uso de la moneda irredimible. La primera opción es fácilmente comprensible, mientras que la segunda es aplicada a la nación como una sutil droga que muy pocos reconocen como tal. Por eso es generalmente aceptada por sus víctimas. Y por estas y similares razones, la moneda irredimible es el dispositivo favorito de los estados modernos para mantener a la población bajo un control totalitario. En efecto, permite que el gobierno tenga éxito en el control de las masas, mientras que, al mismo tiempo, gana su aprobación e incluso su apoyo entusiasta porque el estado parece controlar el Cuerno de la Abundancia. Pero la moneda irredimible debe considerarse como una droga terrible que forma hábito y que el gobierno utiliza para embriagar a las personas. En virtud de esta intoxicación, la gente se vuelve adicta y termina deseando más y más gasto nacional, más y más control gubernamental y finalmente más y más deuda.

Es inútil esperar un movimiento masivo a favor de una moneda sana. La experiencia diaria de la población les proporciona una visión deformada. Confirman en sus mentes las presuntas virtudes y beneficios de una moneda infinitamente inflable. La gente carece de suficiente comprensión de la ciencia monetaria para ver que la moneda no se puede inflar infinitamente sin conducir al desastre. Al igual que un drogadicto, las personas expuestas a la moneda irredimible no la ven como un narcótico peligroso y dañino. Incluso la pérdida del poder adquisitivo no les perturba en gran medida. Su única respuesta es demandar más dinero. Y se enorgullecen de que el Gobierno escuche con simpatía tales solicitudes. Acogen con beneplácito el escandaloso aumento de los índices bursátiles y de los precios de los inmuebles, y establecen en ellos grandes almacenes. La creciente deuda y los pesados impuestos no son mirados con ansiedad. Con frecuencia su agitación más común es exigir más y más gasto del gobierno.

Cuando el dolor económico infligido a la población alcance alturas insoportables, estamos en camino con esta crisis que continuará en los próximos años, entonces el resultado será la anarquía y el caos. Esto es precisamente lo que la gran tradición monetaria de los países de habla inglesa debería evitar, descartar la moneda irredimible y ordenar un estándar monetario metálico. La otra alternativa, es que la zona Euro, motivada por una Alemania que recuerda aún lo que significa jugar con el dinero irredimible, sea la gran alternativa y nos saque de un Euro irredimible. Así no tendría que preocuparse ni por Grecia, ni España, ni Italia.

Nota: Gran parte del artículo corresponde con información proporcionada por Antal Feteke en el siguiente artículo: http://professorfekete.com/articles/AEFFiatMoneyInDeathThroes.pdf

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Abran la Casa de la Moneda al Oro

Posted by rafaelgo on 19th febrero 2010

¡Abrir las Casas de la Moneda al Oro!

by Antal E. Fekete
12 de enero del 2009

¿Podría una empresa privada obligar al gobierno a hacerlo?

Cómo reconstruir el sistema de crédito destrozado

La gente se pregunta: “¿No esta la Casa de la Moneda ya abierta al oro, produciendo Aguilas y Búfalos de Oro ?” La Apertura de la Casa de la Moneda al oro tiene un sentido técnico, a saber, la apertura a la acuñación libre e ilimitada de monedas de oro privadas. Las Aguilas y los Búfalos de Oro son producidos por cuenta del Tesoro en cantidades limitadas y se venden con una prima como monedas de recuerdo. Se trata de una estratagema para demostrar que las monedas de oro ya no circulan como dinero. Bueno, sí que lo harían si no hubiese ninguna prima y el mercado estaba saturado.

No fue sino hasta que no entendí lo ocurrido que vi la esperanza para la mayor riqueza y la más permanente del mundo, el patrimonio invertido en oro, salir de su escondite y se movilice para iniciar el cumplimiento de su deber para lo que esta magníficamente adaptado: reconstruir el crédito y la refinanciación del comercio mundial sobre una base sólida. Irredimibles promesas de pago de gobiernos alegres y quebrados no pueden en ningún tramo de la imaginación de servir como una base sólida para el crédito y el comercio mundial.

A menos que el hielo se rompa y un país se abra su Casa de la Moneda al oro, el mismo patrón que se estableció en 1971 (cuando el Gobierno de los EE.UU. dejó de pagar sus obligaciones internacionales de oro) continuará en detrimento además de la prosperidad del mundo. La producción de las minas de oro del mundo, más cualquier cantidad que fluya de los sectores públicos, pasará a la clandestinidad y no beneficiará a la sociedad. La economía mundial está literalmente en hemorragia. Esta hemorragia de crédito es lo que mantiene a las fábricas activas y a los buques de carga navegando. No hay otra forma de detener la hemorragia más que abriendo la Casa de Moneda al oro. El grito de guerra debe ser: ¡poner de nuevo en circulación de oro para salvar al mundo y a nuestra civilización! La gente debe ser consciente de lo la enfermedad es y cual es su remedio.

El significado completo de 1971

Aparte de la enormidad de un gran gobierno incumplir su obligación solemne, sellado por tratados internacionales, confirmada por varios presidentes en funciones, de pagar los títulos de la deuda con vencimientos a corto plazo de oro al tipo fijo de cambio, debemos recordar otro aspecto de la quiebra «default» 1971.  Provocó la deflación más grande del mundo que afectó a una generación.

El mundo prosperó antes de 1971 porque tenía el Tesoro de los EE.UU. como su proveedor residual de oro monetario. El efecto saludable de este acuerdo era que la gente estaba dispuesta a pagar en oro. Ellos confiaban en que podrían recuperar su oro exactamente en los mismos términos. La cofianza impregnaba a productores, bancos, casas comerciales, compañías navieras, hasta al más humilde de los consumidores. Podrían llegar a acuerdos con otros en la creencia de que el sistema monetario mundial no está dirigida por tramposos. Está dirigido por los hombres de bien que conocen el significado de la palabra “honor“.

Pero una vez que el compromiso de redimir dólares en oro se había roto, la gente se muestra reticente a pagar en oro. Ya no estaban seguros de que podían conseguir el oro de nuevo en los mismos términos. Esto congeló las reservas de oro monetario mundiales. Más inquietante aún, el oro recién extraído comenzó a vivir en la clandestinidad, y la economía mundial tenía que ser financiados a través de la creación de crédito sintético.

Para aquellos de nosotros que no creemos en la Teoría Cuantitativa del dinero, esta era la deflación a punto de ocurrir. El crédito sintético era – ¿qué más podía ser? – La promesa rota del banquero quebrado. Las personas con una mente lógica sabían que este acuerdo tenía que ser temporal. Sólo un hombre desquiciado recompensaría la quiebra mediante la promoción del instrumento monetario deshonrado desde el fondo de la basura a la posición de la máxima potencia de dinero del sistema monetario internacional. Después de todo, el gobierno de EE.UU. tenía el oro que necesita para hace funcionar el sistema de crédito mundial. Lo que no tenía, pero que fácilmente podría conseguir con políticos incorruptibles, era una política exterior libre de enredos, acompañada de una política social libre de la mentalidad “todo-gratis”.

La deflación actual es de composición abierta, ya que no se sabe cuánto más tendrá que devaluarse el dólar antes de someterse y ser atado al oro una vez más – como lo fue hace exactamente hace 75 años. Para detener la deflación, el vuelo al oro debe detenerse primero, como se hizo por los EE.UU. en enero de 1934. El Presidente electo Obama ya ha nombrado a su candidato para conducir el Tesoro. Una oportunidad histórica se ha perdido. La misma gente que organizó y orquestó la crisis actual será puesto a cargo a su rectificación. Son unos testarudos keynesianos o Friedmanitas.

Los antagonistas de Estados Unidos son tan inútiles

Por supuesto, a los países árabes, los países musulmanes, así como de las potencias asiáticas (incluida Rusia), que no tienen que llevar la pesada carga ideológica del keynesianismo y de los Friedmanitas, le encantaría iniciar una nueva moneda basado en el oro, y luego tomar el crédito para salvar el mundo. Si pudieran, esa hazaña sería pasar la antorcha de la civilización humana se remontan al Oriente, y, a partir de entonces, los gobiernos occidentales podrían ser merecidamente castigados por egoístas y sátrapas estúpidos han llevado al mundo a este lío económico increíble. Apenas se invitará a sentarse en los consejos de las naciones, y mucho menos para guiarlos. Peor aún, el temor es que sin el libre flujo del oro del mundo puede perderse en la vorágine de una nueva era oscura, en la que la ley y el orden desaparece, junto con la desaparición del oro y plata.

Sin embargo, todos los intentos de los árabes, musulmanes, y las potencias asiáticas para poner de nuevo el oro en el sistema monetario han fracasado, precisamente porque se han “olvidado” de abrir su Casa de la Moneda al oro, que es la clave para una nueva era dorada.

¿Por qué el oro?

He tratado esta pregunta varias veces en mis anteriores escritos, pero lo diré de nuevo. El oro es absolutamente indispensable para la reconstrucción, más allá de los límites impuestos por la valoración actual del oro en los mercados. La razón es que, una vez que vuelvan a movilizar el oro, y sólo oro, podía llevar un valor miles de veces mayor que su valor nominal. El oro, una vez puesto en circulación, regeneraría el crédito que, bajo la tutela occidental, se ha permitido su desintegración. Las potencias occidentales han caído víctimas de los más ineptos y estúpidos esquemas-Ponzi nunca infligidos a personas que no son otra cosa analfabetos: el sistema Ponzi de la economía Keynesiana y Friedmanita. Los “milagros” que estos dos llamados “sistemas económicos” pueden trabajar dependerá de lo que he descrito como una revisión ardid financiero entre el Tesoro y el Banco Central. Ellos conspiran para aceptar las irredimibles promesas de pago de los demás. Durante un tiempo los ganchos podría avivar el espíritu caído de los juegos de azar por sus espectaculares retiradas en las mesas de juego. Pero, en última instancia, este esquema Ponzi, como cualquier otro, depende de un suministro infinito de tontos nuevo. Mientras que la oferta de los tontos en el mundo es muy grande, en realidad, no es infinita. Ese es el único punto débil de la economía Keynesiana y Friedmanita.

Sin la reconstrucción del crédito basado en oro, no hay esperanza para la reconstrucción, a pesar de los ambiciosos planes del presidente electo Obama. El Tesoro de EE.UU. está vacío, es más, es en un agujero, del tamaño del PIB de varios años. Los ingresos del Gobierno se están desvaneciendo. La industria estadounidense ha sido desmantelada. Los acreedores extranjeros de los EE.UU. han tenido suficiente con la creencia mundial de poder renunciar a bienes reales y servicios reales a cambio de promesas irredimibles de pago. Incluso si usted las pone bajo presión utilizando el chantaje militar, que tanto necesitan esos productos en casa porque ellos mismos están en serios problemas.

La apertura de facto de la Casa de la Moneda

Me he sentido muy desanimado y consternado de que los gobiernos occidentales, en su terquedad obstinada, se han negado a escuchar la voz de la razón y han permitido que sus antagonistas promuevan el regreso al patrón oro. Los gobiernos occidentales debieron haber tomado la iniciativa y hecho una declaración coherente sobre su propia posición.

Pero entonces ocurrió algo inesperado, que nos da un rayo de esperanza. Canadá ha sido mi país de adopción para más de la mitad del siglo. En muchos sentidos es un país decente en este mundo de los gobiernos indecentes. Canadá no ha utilizado el servicio militar obligatorio para coaccionar a los jóvenes a convertirse en carne de cañón en  imperios extranjeros y empresas coloniales. No sucumbieron al ‘síndrome de Roosevelt” en la confiscación de oro de los ciudadanos. Mientras que los impuestos son altos, en general puede ser un precio que vale la pena pagar a cambio de ciudades limpias, los bancos sanos, calles seguras, y la atención sanitaria universal.

La política de oro de Canadá estaba libre de los aspectos neuróticos de los Estados Unidos. El oro nunca ha sido declarado contrabando en Canadá. Si bien es cierto que los tontos se pusieron a cargo de la propiedad estatal de oro, y lo vendió por una miseria para invertir las ganancias en las obligaciones irredimibles del gobierno de EE.UU., la Real Casa de la Moneda de Canadá comenzó a emitir monedas de oro, ya en 1967 (para conmemorar el centenario de Canadá.) Más tarde, en 1979, con la cuestión de la canadiense Maple Leaf moneda de oro de una onza troy, en 9999 puro, la Royal Canadian Mint crear una moneda que puede convertirse en la moneda estándar de una nueva norma internacional del oro emergentes. Por ahora, 30 años después, muchos otros países están emitiendo monedas de oro para el mismo estándar de peso y pureza. Como explicaré más adelante, el mundo trata a estas monedas como algo tan perfectamente fungible como el dinero sólo puede ser, y se niega a tratarlos como recuerdos, recuerdos, o como una pieza de conversación, que fue la intención de sus diseñadores.

Para estar seguros, la Casa de la Moneda Real de Canadá no está abierta al oro en el sentido jurídico de la palabra. Si lo fuera, habría hecho un compromiso de convertir en oro de 9999, puro, libre de gastos de señoreaje, en monedas de la hoja de arce, onza por onza, en cantidades ilimitadas, a todos los interesados. Si no hay un compromiso de jure, hay un compromiso de facto para el mismo efecto?

Eso es lo que una empresa canadiense decidió averiguar en el 2007, y hasta ahora los resultados son alentadores. Muestran que la Casa de la Moneda Real de Canadá ha tomado sobre sí la carga de proporcionar al mundo con una fuente confiable de la moneda de oro a un costo aceptable. Esta empresa compra la norma internacional “buena barra de oro de entrega” de 400 onzas Troy, o alrededor de 12,5 kg, 999 multa y los intercambios que en la Casa de Moneda de 400 monedas canadienses de Maple Leaf, pagando una prima que, según la empresa, es tan pequeño que que puede vender los Maple Leafs rentable a la prima de 7.9% normal, incluso durante esta última carrera en monedas de oro. Tan pronto como se venden las monedas, la empresa está comprando más bien las barras de entrega y las convierte en Maple Leafs en el Casa de la Moneda. Se continúa haciendo esto. Esto es exactamente lo opuesto de la moneda de una gran fusión de la fama de FD Roosevelt, que confiscaron las monedas de los ciudadanos, sólo el oro para fundir a encontrarlos y para marcar el valor en dólares de los lingotes como resultado – un gesto simbólico para demostrar que el oro ha sido desmonetizadas.

Esta empresa canadiense está a la cabeza a remonetización de oro. Se utiliza la agencia de la Royal Canadian Mint de hacerlo. Huelga decir que no habrá imitadores, tanto a nivel de Casa de la Moneda y en el nivel de arbitraje. En particular, la prima de monedas de oro se reducirá. Habrá una carrera de los gobiernos para ofrecer el mismo servicio sobre una base competitiva. (Recuerde que los imitadores cómo el Kugerrand ha encontrado en todos los principales países del mundo?) Queramos o no, las casas de moneda se va a hacer lo que han sido concebidos para hacer en primer lugar: poner a los ciudadanos encargados de decidir cuál es la oferta de dinero debe ser. Por la Constitución de los EE.UU. el poder de crear dinero está reservado directamente a la propia gente, y no debe ser delegada.

Como puede ver, la Royal Canadian Mint está abierto al oro de facto. A medida que más imitadores entrar en el campo, el compromiso de facto para monetizar el oro se convertirá en permanente.

Razón para el optimismo

Creo que es imposible exagerar la importancia de este hecho. Si bien la prima de 7-9% es una monstruosidad y quita la pureza del sistema, y la falta de jure compromiso de mantener abierta esta instalación a través de gruesos y finos es deplorable, la conclusión es que los primeros pasos se han sido adoptadas por un país occidental (bendecido con un oro fuerte industria de la minería, y con una historia ininterrumpida de comercio del oro y de sana gestión bancaria) a la apertura de la Casa de Moneda de oro. Esto da muchas razones para el optimismo.

Una nueva etapa en la evolución del oro?

Dos profesores de la Universidad Príncipe Sultán en Riad, Arabia Saudita, H. y K. Assenov Petrov, han publicado un documento con el título: A New Stage in Gold’s Return to Money (véase las referencias abajo.) En este trabajo se planteó la hipótesis de que el mercado de las monedas monetiza monedas estándar de una onza de oro, independientemente de la forma y el país de origen, siempre que tengan el peso correcto y ley, como lo demuestra el precio uniforme en el que cotizan. Dicen que este es un nuevo fenómeno que apareció por primera vez en diciembre de 2008, al mismo tiempo en que el backwardation del oro apareció por primera vez como una amenaza a cerrar los almacenes de Comex. Esto significa un gran salto en la comercialización de estas monedas debido a la fungibilidad perfecta. Ahora una mayor cantidad de monedas de apoyo al comercio está disponible. Tanto los compradores y vendedores rechazan la idiosincrasia asociada a las monedas que sólo sería de interés para los numismáticos y coleccionistas. Los autores sugieren que esta es una prueba de que remonetización del oro está en curso. El oro no es todavía el dinero, pero se ha aclarado uno de los obstáculos más graves para convertirse en dinero. El mercado de una moneda estándar de una onza, 999 puro, ya no está fragmentado.

Los autores no hacen referencia al hecho de que la Real Casa de la Moneda de Canadá está de facto, abierto al oro como lo demuestran las actividades de una empresa privada canadiense. Este hecho, en mi opinión, desempeña un papel importante en el fenómeno que los autores describen: la valoración uniforme de todas las monedas de oro estándar. Sin embargo, es significativo que se observó la aparición simultánea con el backwardation en los contratos a futuro del oro de diciembre en el Comex. También citan a la teoría de Carl Menger sobre el origen del dinero, es decir, el aumento del intercambio indirecto. Tanto las más feas y las monedas de oro más bellas se negocian en el intercambio indirecto estrictamente por la cantidad y calidad de contenido de metal, ignorando por completo la apariencia externa de la moneda. Si en la moneda figura la efigie de un hombre con barba o una gallina no tiene ninguna consecuencia. Los autores concluyen su documento como sigue:

En el marco del orden financiero actual que usamos los billetes de papel con la imagen de un hombre barbudo que actualmente están impresos en los billones de dólares por otro hombre de la barba. Los boletos no han tenido el respaldo de muchas décadas, por lo que no ha habido ninguna restricción en su impresión. Hasta hace poco no ha habido un cierto grado de moderación en el proceso de impresión. Sin embargo, desde el verano de 2008 todas las restricciones ha sido lanzadas por la ventana por el hombre de la barba, alias rescate Ben, que le permitieron, el Congreso y los banqueros, una orgía de impresión billetes de varios billones de dólares. En respuesta, las personas con sentido común corrieron al oro como reserva de valor. Ahora que el valor del oro está impulsado exclusivamente por su pureza y la cantidad, es sólo cuestión de tiempo antes de que el oro es utilizado de nuevo como un medio de intercambio. Las monedas de oro ya no son una delicia numismática, ni parecen ser una reliquia bárbara. El oro se está convirtiendo en dinero una vez más. Los titulares de dólares, ¡cuidado!

Sprott dinero Ltd.

Ya no atormento más a mis lectores. Yo revelo que la empresa canadiense que ha aprovechado la Real Casa de la Moneda Canadiense para cambiar el curso de la historia es Sprott dinero Ltd., establecida en 2007. La inspiración provino de su fundador, el Sr. Eric Sprott. Yo se lo reconozco aquí como un hombre de gran perspicacia y coraje. Cree firmemente que el oro debería volver a ser la moneda internacional, por la elección de la gente. Él cree que la economía de EE.UU. está en un estado de falla sistémica total. Él dice que estamos en una depresión en la actualidad. Señala que el banco está apalancado promedio de 25 o 30:1. Él no se anda por las ramas: se dice que en una verdadera valoración a precios de mercado (market-to-market), probablemente ningún banco tendría capital. No creo que ninguna economía que está en papel puede tener un aislamiento contra el contagio de envilecimiento que es el sello del dólar de EE.UU.

En una entrevista reciente (ver referencias abajo) Sprott, declaró que durante los últimos tres años su organización ha convertido a una gran cantidad de lingotes de oro en monedas de oro en la Real Casa de la Moneda de Canadá, y luego continuó:

Tenemos una gran cantidad de inventario, no estamos viendo ningún signo de que vayamos a comer a través de nuestro inventario de las monedas. Pero yo siempre me preocupo que tengo que ser capaz de comprar el 400 onzas en lingotes nuevamente, también. Así que veremos. Si sucede que no puedo comprar las barras nuevamente, yo no creo que vaya a vender las monedas. (el énfasis es mío).

He incluido esta cita por su valor, ya que tan estrechamente se relaciona con el problema de backwardation del oro. Cuando Sprott no pueda comprar más de 400 onzas en lingotes, eso es todo: el velo ha caído sobre el aplazamiento de pago pasada en Washington. Backwardation está aquí para quedarse. Y sabrás inmediatamente porque Sprott Money Ltd. simultáneamente retirará su oferta para vender las monedas Maple Leaf canadienses a los clientes minoristas. No habrá monedas para la venta a cualquier precio en dólares, ya sea de Zimbabwe o EE.UU.

Necesitamos muchos imitadores de Sprott y muchos imitadores de la Real Casa de la Moneda Canadiense, si queremos acortar la muerte dolorosa de ver este episodio reaccionario en la historia monetaria, el experimento con el dólar con soporte de papel, como es, por la mayor colección de armas de destrucción masiva: la deuda y ojivas termonucleares – si no mucho más.

Referencias

Por el mismo autor:

Auge y caída de las Bases de oro, 23 de junio 2006
Monetaria y no monetaria de los Productos Básicos, 25 de junio 2006
El aplazamiento de pago pasada en Washington, 30 de junio 2006
De oro, de interés, base de marzo, 7, 2007
El oro se desvanece en acumulaciones privadas, 31 de mayo 2007
Apertura de la Casa de la Moneda de Oro y Plata, 5 de febrero 2008
¿Ha caído el telón sobre el aplazamiento de pago pasada en Washington? 8 de diciembre 2008

Estos y otros artículos de la autora se puede acceder en el sitio web
www.professorfekete.com

El único activo real Monetarios, www.sprottmoney.com

Eric Sprott: Oro: The Go-a los activos en cualquier entorno, el Informe de Oro 01/09/2009, www.theaureport.com

Una nueva etapa en la Vuelta de Oro con el dinero, por H. Assenov y el Dr. K. Petrov http://www.financialsense.com/editorials/petrov/2008/1226.html

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La productividad marginal de la deuda: Por qué el plan de Obama está condenado al fracaso

Posted by rafaelgo on 7th noviembre 2009

Este artículo, es una traducción del artículo escrito por el professor Antal E. Fekete (Professor of Money and Banking – San Francisco School of Economics). El artículo original, publicado el 30 de marzo de 2009 lo pueden descargar de esta Web: http://news.goldseek.com/GoldSeek/1238441510.php

Antal E. Fekete
Professor of Money and Banking
San Francisco School of Economics

Fábrica de papel en el Potomac

La fábrica de papel del Potomac está generando nuevo dinero frenéticamente. Esto debería evitar que los precios bajaran y que la economía se contrajera, según la Teoría Cuantitativa del Dinero.

En este artículo presento un argumento que explica por qué esta conclusión no es válida. Por el contrario, expondré que el nuevo dinero creado sobre la base de una inundación de deuda es equivalente a echar gasolina a un fuego, haciendo que los precios caigan y la economía se contraiga todavía más. La administración Obama ha perdido su oportunidad histórica de evitar la deflación y depresión que ha heredado de la administración Bush, porque ha encomendado la tarea de rescatar a la economía a la misma gente que ha causado este desastre: los doctores monetarios, tanto Keynesianos como Friedmanitas, de la Fed y el Tesoro.

Mirando al ratio erróneo

La clave para entender el problema es la productividad marginal de deuda, un concepto curiosamente desaparecido de la jerga de la economía convencional. Los Keynesianos se consuelan con el hecho de que la deuda total como porcentaje del PIB está bien por debajo del 100% en los Estados Unidos, mientras que en otros países se supera esta cifra.

Sin embargo, el ratio significativo y que hay que observar es la relación entre deuda adicional y PIB adicional, o la cantidad del PIB que se ha generado con la creación de 1 dólar de nueva deuda. Es este ratio el que determina la calidad de la deuda. Cuanto mayor sea este ratio (PIB adicional / Deuda adicional) más éxito están cosechando los empresarios en aumentar la productividad, que realmente es la única justificación válida para el endeudamiento.

En cambio, una caída importante en ese ratio es una señal peligrosa de que la calidad de la deuda se está deteriorando, y de que incurrir en deuda adicional no tiene ninguna justificación económica. El volumen de deuda está creciendo más rápido que la renta nacional, y el capital que apoya la producción se está erosionando rápidamente. Si, como en el escenario más pesimista, el ratio cae en zona negativa, el mensaje es que la economía está en curso de colisionar y que un crash es inminente.

Es decir, no sólo es que la deuda no aporte nada al PIB sino que, de hecho, genera una mayor contracción económica, incluyendo un mayor desempleo. El país se está comiendo las semillas de maíz, y el resultado es que el capital acumulado puede esfumarse antes de que te des cuenta. La acción inmediata es absolutamente necesaria para parar la hemorragia, o el paciente se desangrará hasta morir.

Los Keynesianos están atentos del ratio incorrecto, el de la deuda sobre el PIB. No es extraño, pues, que constantemente se extravíen, de ahí que no se percaten de las señales de peligro, una detrás de otra. Están navegando en la oscuridad con la ayuda del equipamiento náutico equivocado. Están administrando la medicina equivocada. Su ambulancia es incapaz de diagnosticar la hemorragia interna que debe pararse para evitar que el paciente llegue muerto.

La temprana advertencia de Melchior Palyi

En la década de 1950, cuando el dólar todavía era convertible -los gobiernos extranjeros y bancos centrales podían convertir sus saldos de corto plazo en dólares por oro a la tasa establecida por la ley de 35 dólares por onza- la productividad marginal de la deuda era 3 ó superior. Esto es, que 1 dólar adicional de nueva deuda causaba un aumento del PIB de al menos 3 dólares. En agosto de 1971, cuando Nixon impagó las obligaciones internacionales de oro de los Estados Unidos (siguiendo los pasos de Franklin Delano Roosevelt que había impagado las obligaciones domésticas de oro 35 años antes), la productividad marginal de la deuda cayó por debajo del nivel crucial de 1.

Cuando la productividad marginal cayó por debajo de 1 dólar, pero todavía se mantenía positiva, implicaba que la deuda total (siempre en términos netos) estaba aumentando más rápido que el PIB. Por ejemplo, si la productividad marginal de la deuda se sitúa en 0,5, ello significa que para incrementar la producción nacional de bienes y servicios en 1 dólar, habría que incurrir en 2 dólares de deuda. Un incremento de la deuda total en 1 dólar ya no podría generar siquiera un aumento equivalente del PIB. La deuda perdería así entonces cualquier justificación económica.
La caída de la productividad marginal de la deuda ha continuado sin interrupción desde entonces. Nadie tomó medidas. De hecho, los administradores Keynesianos del sistema monetario y de la economía pusieron trabas a esta información, manteniendo al público en la oscuridad. Ni tampoco los economistas Keynesianos y Friedmanitas en las universidades prestaron atención a la señal de peligro. Los agitadores siguieron gritando: “¡Dadme más crédito!

Yo me percaté de la importancia de la productividad marginal de la deuda a través del Boletín del economista húngaro de Chicago Melchior Palyi en 1969 –hay un total de 640 números de ese Boletín, disponibles en la Biblioteca de la Universidad de Chicago-. Palyi advirtió de que la tendencia de este crucial indicador era a la baja y que había que hacer algo al respecto antes de que el monstruo de la deuda devorara la economía. Palyi murió unos pocos años más tarde y no vivió para ver la devastación que tan astutamente predijo.

Otros también han llegado a la misma conclusión de diferentes formas. Peter Warburton, en su libro Debt and Delusion: Central Bank Follies That Threaten Economic Disaster -Deuda y Engaño: Las locuras del Banco Central que amenazan con el desastre económico-, también prevé el mismo resultado, aunque no utiliza el concepto de la productividad marginal de la deuda.

2006, el año de la inflexión

Mientras la deuda estuvo contenida por la presencia del oro en el sistema, por débil que fuera esta restricción, el deterioro de la calidad de la deuda era relativamente lento. La calidad se derrumbó, y la cantidad se disparó hasta la estratosfera cuando la presencia del oro, el único que puede extinguir la deuda en última instancia, desapareció del sistema monetario. Aún así, pasaron 35 años antes de que el capital de la sociedad fuera erosionado y consumido a través del deterioro ininterrumpido de la productividad marginal de la deuda.

El año 2006 fue el punto de inflexión. A finales de ese año la productividad marginal de la deuda cayó hasta cero y pasó a ser negativa por primera vez en la historia, encendiendo la alarma roja que advertía de una catástrofe económica inminente. Efectivamente, en febrero de 2007, el riesgo de impago de la deuda, medido por el coste desorbitado de los CDS (Credit Default Swaps), se disparó. Y como dice el dicho, el resto ya es historia.

Productividad marginal negativa

¿Por qué una productividad marginal de la deuda negativa es señal de un desastre económico inminente? Porque indica que cualquier posterior incremento en el endeudamiento necesariamente causará una contracción económica. El capital se ha esfumado; una mayor producción ya no se sostiene por la necesaria cantidad y calidad de las herramientas y el equipamiento. La economía está literalmente devorándose a sí misma a través de la deuda.

La creación desenfrenada de deuda a través de la reducción de los tipos de interés hasta el 0% está destruyendo el capital de la sociedad, pero este mensaje es ignorado. La crisis financiera actual ha sido explicada a través de un razonamiento ad hoc, culpando a los laxos estándares crediticios, las hipotecas subprime, y argumentos similares. Sin embargo, no se hizo nada para parar la causa real del desastre: la rápida generación de deuda. Por el contrario, la generación de la deuda fue acelerada mediante rescates públicos y planes de estímulo económico.

En vista del hecho de que la productividad marginal de la deuda es ahora negativa, podemos ver que las medidas de rescate de la administración Obama, que están financiadas mediante la creación de niveles de nueva deuda sin precedentes, son contraproducentes. Éstas son la causa directa de la creciente contracción económica, incluyendo el aumento del desempleo.

“Camino al infierno”

El presidente de la Unión Europea, y Primer Ministro Checo, Mirek Topolanek, calificó públicamente el plan de Obama, consistente en gastar casi 2 billones de dólares para sacar a la economía de la recesión, como el “camino al infierno”. No hay ninguna razón para castigar al Sr. Topolanek por tal calificativo. Cierto es que hubiera sido más educado y diplomático haber suavizado sus comentarios empleando términos del estilo de: “el plan de Obama ha sido aprobado ignorando que la productividad marginal de la deuda era negativa y sigue a la baja. En consecuencia, el aumento del gasto público mediante planes de estímulo sólo causará una mayor deflación y contracción económica”.

¿Hiperinflación o hiperdeflación?

La mayoría de críticos del plan de Obama sugieren que las consecuencias de los rescates y planes de estímulo provocarán una grave pérdida del poder adquisitivo del dólar y, en última instancia, una hiperinflación, tal y como evidenci la Teoría Cuantitativa del Dinero. Sin embargo, la teoría cuantitativa es un modelo lineal que puede ser válido como una primera aproximación, pero falla en la mayoría de casos, debido a que el mundo real es sobre todo no-lineal. Mi propia teoría, basada en el concepto de la productividad marginal de la deuda, predice que lo que se viene encima no es una hiperinflación sino un círculo vicioso de deflación. Éste es el argumento.

Mientras que los precios de los productos primarios, tales como el petróleo y los alimentos, pueden subir inicialmente, los consumidores apenas tienen poder adquisitivo, y tampoco pueden pedir prestado como solían para pagar esta subida de precios. El nuevo dinero creado ha ido a parar al rescate de bancos, y una parte importante se ha desviado para continuar pagando los inflados bonus de los banqueros. Muy poco de este dinero ha fluido hacia los consumidores ordinarios, que se ven con el agua al cuello debido a las deudas contraídas en el pasado.

De ahí que dichas subidas de precios sean insostenibles, ya que el consumidor es incapaz de afrontarlas. Como resultado, los comerciantes minoristas y mayoristas también están con el agua al cuello. Tienen que reducir precios. La presión de la caída de la demanda no se queda en los comerciantes, sino que también se transmite hacia los productores, que también tienen que reducir precios. Todos ellos están experimentando un descenso en sus flujos de caja derivados de las operaciones económicas ordinarias. Despiden a más gente, agravando la crisis aun más, dado que se reduce el efectivo en manos de los consumidores debido al mayor desempleo. La espiral viciosa está en marcha.

Pero, ¿qué está pasando con la ingente cantidad de nuevo dinero que está inundando la economía? Este dinero se está empleando para pagar la deuda de personas que están luchando desesperadamente por salirse de ella. Los hombres de negocios en general están aletargados; cada recorte en el tipo de interés les golpea, erosionando el valor de sus inversiones anteriores.

En mis trabajos he explicado cómo unos tipos de interés en continua caída hacen que el valor liquidativo de la deuda aumente. Es decir, se traduce en una partida contable negativa en la cuenta de pérdidas y ganancias, comiéndose al capital que, como consecuencia, tiene que ser repuesto. Aún peor. No hay manera de que los empresarios sean inducidos a llevar a cabo nuevas inversiones mientras haya expectativas de nuevas reducciones en el tipo de interés. Son conscientes de que sus inversiones se esfumarían a medida que el tipo de interés siguiera cayendo en pos de políticas monetarias agresivas como el quantitative easing -creación de dinero de forma discrecional-.

El círculo vicioso de la especulación en tipos de interés decrecientes

La única actividad que está prosperando en este ambiente deflacionario es la especulación en bonos. Los especuladores usan nuevo dinero, disponible a través de la Reserva Federal (Fed), para expandir sus actividades y empujar al alza el precio de los bonos. Dichos inversores se adelantan a la Fed: compran primero los bonos y luego los revenden por un precio inflado antes de que los recompre la Fed.

Tal actividad está libre de riesgos. Los especuladores se enteran por adelantado de las operaciones de la Fed a lo largo de la curva de rendimientos. La Fed comprará 300.000 millones de dólares de letras del Tesoro durante los próximos seis meses, y probablemente mucho más después de esa fecha. La especulación sobre unos tipos de interés decrecientes se convierte en autorrealizable, gracias a la demente idea de las operaciones de mercado abierto de la Fed, que hace que la especulación en bonos esté exenta de riesgo. Este proceso hace que la deflación sea auto-sostenible (para otra visión de la especulación en bonos libre de riesgos, ver el artículo de Carl Gutiérrez en Forbes, mencionado en las referencias).

Nótese también que el progresivo hundimiento del precio de las acciones, y el intento desesperado por parte de grupos privados de rescatar activos tóxicos, también ha disparado la demanda de dinero en efectivo. El dólar, al menos en la variedad del billete de la Reserva Federal, será cada vez más escaso. Antes de hundirse, tal y como sucedería en un escenario hiperinflacionario, el poder adquisitivo del dólar se va a incrementar notablemente.

¿Piensan que Ben Bernanke y sus máquinas de fabricar billetes se ocuparán de eso? Simplemente consideren lo siguiente. El mercado separará los billetes de la Fed antiguos de los nuevos, que tendrán impresa la firma de Bernanke. En una clásica aplicación de la Ley de Gresham, la gente atesorará el primero (los antiguos), otorgando una prima sobre él en relación con la segunda variedad (dólares de nueva creación), que se quedará por el camino.

Bernanke puede crear dinero, pero no puede hacerlo fluir

Ya hay algunas publicaciones que abiertamente aconsejan a la gente que atesore billetes de la Reserva Federal en cantidades importantes que lleguen a cubrir hasta 24 meses de gastos corrientes estimados, mientras cancela todas sus cuentas de depósito. Se advierte a los depositantes que se olviden del límite de 250.000 dólares del seguro de depósitos, que se ha convertido en algo prácticamente despreciable en la medida en que los recursos de la FDIC (Agencia Federal de Garantía de Depósitos) han sido secuestrados por Geithner (secretario del Tesoro de EUU) y desviados a garantizar las inversiones de grupos privados que fueron tan estúpidos como para comprar deuda tóxica a instancias de la administración Obama. Karl Denninger prevé una tasa de desempleo superior al 20%, con ciudades en una situación mucho peor que, por ejemplo, el centro de Detroit (ver referencias abajo).

¿Qué tiene todo esto que ver con la productividad marginal de la deuda? Una vez que se hace negativa, cualquier incremento adicional de nueva deuda hará que la economía se contraiga más, incrementando el desempleo y reduciendo los precios. Bernanke puede crear todo el dinero que quiera y más, pero no puede hacerlo fluir por toda la economía.

Bernanke se arriesga a algo peor que una depresión

El nuevo dinero creado seguirá las leyes de la gravedad y fluirá hacia el mercado de bonos, que es donde está la fiesta. La especulación libre de riesgos en bonos reforzará la espiral deflacionista hasta que llegue el agotamiento final: la economía colapsará como un globo al ser pinchado. En vez de hiperinflación y de la destrucción del dólar, lo que tenemos es deflación y la destrucción de la economía.

Denninger advierte de que la ‘espiral mortal’ llevará a que se disparen las ventas de activos en una loca carrera de liquidación de éstos, y en última instancia, al colapso del sistema monetario y político de EEUU a medida que se evaporan los ingresos impositivos. Señala que, probablemente, ni uno solo de los miembros del Congreso entiende la gravedad de la situación. Bernanke se está arriesgando a algo mucho peor que una depresión. Se está jugando literalmente el final de América como una potencia política, económica y militar.

Efectivamente, el colapso financiero y económico de los dos últimos años debe verse como parte de la progresiva desintegración de la civilización occidental, que empezó con el sabotaje gubernamental del patrón oro en la primera parte del siglo XX. Ben Bernanke, que debería haber sido despedido por el nuevo presidente el día después de su inauguración por haber causado un daño irreparable a la república norteamericana, puede, al final, tener el honor de administrar el golpe de gracia a nuestra civilización.

Referencias

No Time for T-Bonds by Carl Gutierrez, March 28, 2009, http://www.forbes.com

Bernanke Inserts Gun in Mouth, by Carl Denninger, March 20, 2009, http://market-ticker.denninger.net

Debt and Delusion: Central Bank Follies That Threaten Economic Disaster, by Peter Warburton, first published in 1999; WorldMetaView Press (2005).

Información del traductor:

Yo ya había utilizado el concepto de la productividad marginal de la deuda de Antal Feteke, para el artículo: http://miblog.rafaelgo.com/2009/04/07/la-crisis-espanola-se-agudiza-de-ccm-a-la-quiebra-de-espana-con-7-millones-de-parados/

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Aniversario olvidado: 100 años de la moneda de curso legal

Posted by rafaelgo on 6th noviembre 2009

Este artículo, es una traducción del artículo escrito por el professor Antal E. Fekete (Professor of Money and Banking – San Francisco School of Economics). El artículo original lo pueden descargar de esta Web: http://www.professorfekete.com/articles/AEFForgottenAnniversary.pdf

Lo más probables es que el año 2009 termine sin la conmemoración del centenario del evento más importante en la historia que ocupa un lugar destacado como la principal causa de la Gran Crisis Financiera del siglo. Este evento fue la  llamada  legislación  de  monedas   de  curso  legal 1 en 1909. Los billetes del Banque de Francia y el Reichsbank de Alemania hicieron sus moneda de curso legal por ley, primero en Francia y luego, muy poco tiempo después, en la Alemania imperial. Y el resto del mundo siguió su ejemplo. De esta manera, todos los obstáculos fueron removidos en la forma de financiación de la entrada a la guerra mundial a través de créditos y la monetización de la deuda resultante a través de la emisión de billetes de banco.

Un efecto no deseado fue que todos los esfuerzos para evitar la guerra y evitar un gran derramamiento de sangre y la destrucción de la propiedad  mejorando la diplomacia fueron corto-circuitados. Los partidarios de la guerra en ambos países lograron una gran victoria. La causa de la paz sufrió una derrota decisiva.

Tenga en cuenta que he dicho “legislación de monedas de curso legal” porque “de curso legal” en este contexto era un distorsión depravada del significado anterior de la frase. Antes de 1009, no había ninguna moneda de curso legal (es decir moneda de uso coercitivo por medio de la ley). Los billetes de banco circulaban como dinero, pero su aceptación fue totalmente voluntaria. La gente tenía el derecho incondicional a cambiarlos por la moneda del reino, es decir, monedas de oro. Si el banco no cumplía, entonces estaba en default técnico y tenía que hacer frente las consecuencias.

El significado original de la moneda de curso legal sólo se refiere a un nivel de tolerancia aplicable al desgaste de las monedas de oro. Las monedas que cumplían la norma de tolerancia estándar circularon por historia, es decir, su valor fue establecido por contar a cabo – una gran comodidad. Otras monedas circularon por peso: todas y cada una de las monedas tenían que pesarse – un gran inconveniente. No había absolutamente ningún tipo de coerción en esta discriminación. Las Casas de Moneda intercambiaron monedas de oro dentro de la norma de tolerancia por completo acuñando el cuerpo de las monedas de oro sin cargo al portador. El gobierno absorbió las pérdidas y la cubrió con cargo al fondo de ingresos generales. El costo fue tratado del mismo modo que el costo de mantenimiento del sistema de carreteras de la nación en buen estado. No sólo no había ningún tipo de coerción en las leyes de curso legal, en efecto, un servicio público estaba siendo proporcionado por el gobierno sin cobrar honorarios al usuario. Ese fue el significado de la frase “moneda de curso legal” antes de a 1909.

Observe el cambio solapado en el sentido como consecuencia de las leyes de curso legal de 1909. Un servicio público fue reemplazado por la coacción pública. Los dos gobiernos con el mayor poder para hacer la guerra en el mundo introducen la coacción obligando a sus súbditos a aceptar y usar la deuda como el dinero. Esta fue una “primicia” en la historia. En particular, los gobiernos estaban obligando a los militares,  así como los funcionarios públicos, a tomar promesas de pago (en papel) como pago final por los servicios prestados.

Por supuesto, el uso de la expresión “moneda de curso legal” en este sentido es un oxímoron 2. Una promesa de pago que es al mismo tiempo un pago final no es una promesa. Se trata como el fallo de un zar. Este fue un paso reaccionario, diseñado para facilitar el aumento ilimitado de la circulación monetaria independientemente de la reserva de oro. Esto permitió la financiación de la próxima guerra con créditos del gobierno, muchos de ellos sin intereses y sin fecha de vencimiento. La carga fue lanzada en la los hombros de las personas sin su consentimiento.

La medida fue presentada como un inocente almacenamiento en casa . No hubo público debate sobre su sabiduría. Nadie en el momento pudo ver las ominosas consecuencias. Nadie sospechó de mala fe por parte del gobierno. Como prueba de buena fe  se autorizó que las monedas de oro podían permanecer en circulación por otros cinco años. Los bancos pagaron de forma rutinaria como antes, sin problemas. No hubo un aumento notable en la acumulación de monedas de oro por el pueblo, una señal de que confía implícitamente en su gobierno. Cuando la guerra finalmente estalló en 1914, los heraldos de los “cañones de agosto”, anunciaron el efecto retardado de las leyes de moneda de curso legal. Todas las monedas de oro pasaron a la clandestinidad a la vez. Los bancos se negaron a cumplir con cualquier solicitud de pago en oro. Los miembros del congreso, incluidos todos los diputados socialistas, votaron todos los créditos de guerra que el gobierno había solicitado sin crítica alguna.

El primer autor que desenmascaró la conexión entre las leyes de moneda de curso legal de 1909 y la el estallido de la guerra cinco años más tarde, en 1914, fue el economista alemán Heinrich Rittershausen (1898-1984). También predijo la Gran Depresión, y vinculado una próxima ola sin precedentes de desempleo por la moneda de curso legal, como voy a hablar de ello con más detalle en un minuto.

Nos quedamos sin anticipar la historia. ¿Se habrían llegado a un pronto fin en la matanza sin sentido y la destrucción de la propiedad  con la ausencia de leyes de moneda de curso legal, tan pronto como los gobiernos beligerantes se hubiesen  quedado sin oro para financiarlo? La mayoría de los observadores contemporáneos habían predicho que tendría. No había manera de financiar un conflicto de esta magnitud fuera de impuestos. La gente no entendía que la moneda de curso legal era una forma invisible de impuestos para pagar por la guerra más grande hasta ese momento en la historia. Ellos no entendieron el poder del crédito que permitiría a los gobiernos gastar sangre y riqueza libremente, sin restricción alguna. La gente no vea el Moloch 3 detrás de la fachada de la moneda de curso legal – el dios que se disponía a devorar a sus propios hijos.

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Pero también hubo otra consecuencia más siniestra de las leyes de moneda de curso legal que no fue reconocida en el tiempo. Antes de 1909 el comercio mundial ha sido financiado a través de letras real bill 4 girados en Londres. Una letra real bill era en realidad un papel a corto plazo comerciales por pagar en moneda de oro a su vencimiento. Representaba autoamortizables de crédito para financiar el surgimiento de nuevas mercancías en los mercados de demanda más urgente por los consumidores. Como su número era limitado por la cantidad de mercancía nueva en su camino hacia el mercado, era no inflacionista. El crédito fue liquidado por las monedas de oro entregado por el consumidor final de la mercadería subyacente. Usted puede mirar a una letra real bill como crédito en el proceso actual “de maduración en monedas de oro”. Como medio de cambio, una letra real bill es “la siguiente mejor cosa” a la moneda de oro. Es prácticamente libre de riesgo para celebrar, como la mercancía subyacente tiene un mercado listo para su llegada.

Evidentemente, las letras real bills son incompatibles con las leyes de moneda de curso legal. No tiene sentido sugerir que usted puede hacer letras real bills que “madura en billetes de curso legal del banco”. El hecho es que el billete de banco es inferior a una letra real bill en casi todos los sentidos. Por un lado, las letras real bill son un activo real de ingresos. Esto se debe a la existencia de descuento aplicado a su valor nominal como la letra real bill se compra y se vende antes de su vencimiento. Las letras real bills son más líquido: sólo la moneda de oro tiene una mayor liquidez. Ellos son el mejor activo que un banco comercial puede tener.

Pero lo que hace a las letras real bills fundamental en la economía es el hecho de que, en conjunto, constituyen el fondo salarial de la sociedad. Sólo ellos hacen posible producir y distribuir bienes, ahora que el consumidor sólo pagará más tarde. Hasta tres meses después, para ser precisos. Sin embargo, en tanto a los trabajadores empleados en su producción deberán pagarse sus salarios cada semana. En efecto, estos trabajadores tienen que comer y satisfacer otras necesidades para poder continuar sus esfuerzos de producción. El pago de los salarios, definitivamente, no están financiados a través del ahorro de los capitalistas. Se financia a través de compensación, es decir, a través de la concesión de la espontánea temporal privilegios pecuniarios de las letras real bills, lo que les permite circular antes de su vencimiento.

Una consecuencia inesperada de la legislación de moneda de curso legal era la destrucción de este fondo de salarios, del cual los trabajadores podían ser pagados antes de que se vendan los productos. Las leyes de moneda de curso legal tienen la responsabilidad directa de las horribles tasas de desempleo durante la Gran Depresión – como señalado por Rittershausen. Mientras el fondo de salarios está intacto, no puede haber desempleo. Todo el que está ansioso por ganar un salario puede entrar en la producción o la distribución de algunos bienes demandados por los consumidores con urgencia, y obtener la indemnización del fondo de salarios de inmediato, incluso antes de que se venda su producto. La destrucción del fondo salarial cambió todo eso. Los trabajadores ya no podían ser compensados por su trabajo invertido en la producción de mercancías a menos que esté listo para la venta de inmediato.

La destrucción del fondo de salarios no fue inmediatamente obvia en 1909. El entrenamiento militar y la producción de material de guerra absorbe la mano de obra disponible. Durante la guerra estaban escasos en la mano de obra debido a la gran expansión de la producción de municiones. El desempleo alcanzó la sociedad sólo después del cese de las hostilidades.

Si las potencias vencedoras hubiese derogado las leyes de moneda de curso legal después de la guerra, con lo que la rehabilitación del mercado de letras real bill y la reposición del fondo de salarios, la Gran Depresión no habría ocurrido. Pero los vencedores no estaban interesados en el comercio mundial multilateral. Ellos querían castigar aún más a los vencidos  haciendo un comercio bilateral, a la exclusión de la circulación de proyecto de letras real bills. De esta manera se quería mantener el control del comercio de sus antiguos adversarios. Como resultado, el fondo salarial nunca fue resucitado y los trabajadores no podían ser pagados. El resultado fue el mayor desempleo en la historia. Los gobiernos se vieron obligados a asumir la responsabilidad de los desempleados a través del sistema de subsidio de desempleo. Este sistema, una afrenta a la gente dispuesta a trabajar por salarios, todavía está con nosotros, pero su causa raíz, la ausencia de letras real bills, sigue sin ser reconocido.

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Las leyes de moneda de  curso legal, representaba una alianza impía (por no decir conspiración) entre el gobierno y los bancos, que nunca fueron derogadas. Los gobiernos han llegado a adorar las competencias adicionales que han adquirido a través de falsos pretextos. Los bancos estaban felices de tomar el soborno. Ellos cambiaron su lealtad a sus clientes por la lealtad al gobierno. A cambio del privilegio de crear depósitos bancarios, sin la restricción de una reserva de oro, como fue el caso antes de 1909,  los bancos estaban dispuestos a comprar todos los bonos del gobierno que no han encontrado compradores dispuestos en la mercado de bonos. “Tú me rascas la espalda, yo te rasco la tuya.” Esta conspiración todavía continúa bajo un nuevo “contrato social” en el que soborno y el chantaje ha sustituido a la cooperación voluntaria.

Se ha comprado el silencio de las instituciones académicas y medios de comunicación, en particular, la lealtad de los economistas y la de los periodistas financieros gracias al afán de los bancos centrales para patrocinar la investigación. “Quien paga al gaitero decide las canciones.” Los autores que estaban dispuestos a cantar las alabanzas de la moneda irredimible fueron generosamente recompensados. Autores críticos de la moneda fiduciaria no eran patrocinados. La mayoría de los economistas y los periodistas financieros de hoy son los escribas de alquiler, vendiendo su pluma al gobierno y el banco central. La propaganda se transmite como la investigación.

Las matemáticas se ha prostituido como nunca antes en la historia de la Reina de las Ciencias. Los trabajos de investigación sobre economía y la teoría monetaria está salpicado de ecuaciones diferenciales vacías pero de aspecto formidable, pero se presentan como el Santo Grial. Los gestos estudiados y los abracadra de los economistas de estos últimos días es similar a las del sacerdocio en el antiguo Egipto. En virtud de sus conocimientos de astronomía – un conocimiento negado al público en general-  los sacerdotes de Egipto podían predecir los eclipses de Sol y otros fenómenos celestes. Mantienen a su audiencia en el temor y el miedo a sus poderes sobrenaturales. La diferencia es ésta: mientras que los sacerdotes egipcios eran profesionales que contaban con los últimos conocimientos científicos, los economistas tradicionales no son más que charlatanes y curanderos que, aunque gozando de su propia gloria, son totalmente incapaces de predecir el colapso financiero, incluso cuando está mirándolo a la cara, como su lamentable actuación en 2007 demostró. Peor aún, son totalmente incapaces de admitir sus propios errores. Son una maldición sobre el cuerpo político y una verruga en el cuerpo académico. Son líderes en el mundo en una catástrofe monetaria y económica sin precedentes en estos momentos, mientras estoy hablando aquí.

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Nuestra actual crisis financiera es la conclusión de una tragedia traída a nosotros por la coacción en el ámbito monetario. La forma de salir de la crisis, y la manera de evitar otra gran depresión, es a través de la restauración de la libertad en el ámbito del dinero: a través de una hábil derogación de las leyes de moneda de curso legal. El estándar de oro debe ser rehabilitado, junto con su sistema de compensación, el mercado de letras real bills. El carácter monopólico de la deuda pública en el mercado de bonos debe ser eliminada trayendo de vuelta la competción por las monedas de oro en las promesas del gobierno. Los tenedores de bonos insatisfechos con el tipo de interés ofrecido por los cupones arbitrariamente añadidos a los bonos del gobierno debe recuperar sus derechos a ellos: el derecho a aparcar sus ahorros en monedas de oro, como lo hicieron antes de 1909. De esta manera se podría obligar al gobierno a pagar precios competitivos de el interés en el ahorro privado. Toda la coacción en el ámbito monetario debe ser detenido. La dignidad de la persona debe ser respetada. El marco colectivista en el ánimo del Gobierno debe descartarse en favor del individuo, el restablecimiento de la libertad y la libre iniciativa del hombre.

Un siglo es un momento fugaz en la historia. Los últimos cien años deben ser considerados como un episodio reaccionario en nuestra civilización, un experimento sin sentido con la moneda irredimible. El experimento ha fracasado miserablemente, al igual que todos los experimentos similares en el pasado. A menos que se detenga inmediatamente, se sumirá a la raza humana en una miseria económica sin precedentes. Es, literalmente, amenazan la supervivencia de nuestra civilización y todo nuestro sistema de valores.

La libertad en el ámbito de dinero nos traerá la paz y la prosperidad. La coerción continua es el camino de la guerra y la miseria.

Notas de Traducción

He utilizado “las cursivas” -sin negritas- cuando he añadido algún texto que ayude a clarificar lo que quería decir el artículo. Por lo demás, comentar que hace años no hablo en inglés, y que nunca me había dedicado a traducir terminos económicos. A continuación dejo las notas al pie

1: Al hablar de “monedas de curso legal” en la traducción, me refiero tanto a monedas como billetes de uso obligatorio como los euros o dólares.

2: oximoron es una palabra castellana (está en el diccionario del a RAE) que significa una combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido; p. ej., un silencio atronador). He dejado esta palabra, porque “legal tender” son 2 palabras, aunque en la traducción haya utilizado más.

3: Moloch o Moloch Baal o Baal era el Dios de los fenicios, cartagineses y cananitas. Era considerado el símbolo del fuego purificante, que a su vez simboliza el espíritu.

4: Utilizo la frase “letras real bill” (en cursivas) porque son un tipo de letra especial. Adam Smith en  La Riqueza de las Naciones (Wealth of nations) publicada por primera vez en 1776, fue quien habló sobre estas letras, siendo sus opositores los que acuñaron el término. Adam Smith escribió que la masa de los productos de consumo (terminados o semiterminados) que cambian de manos con la suficiente rapidez desde los roductores, a través de los distribuidores hasta los puntos de venta minorista y que serán adquiridos por el consumidor final en un plazo de 91 días (llamado por A. Smith el capital social circulante social circulating capital) tiene una liquidez solamente superada por los metales moneda, oro y plata.  Hay un mínimo de consumo, absolutamente indispensable, para el normal funcionamiento de la sociedad, que proyectado a 91 días (la duración de una estación completa del año) en el futuro, corresponde a un volumen de productos terminados o semiterminados en su camino desde los productores a los consumidores finales. Estos productos seguirán su curso incluso en ausencia de dinero, en el advenimiento de un desastre nacional, bajo una ocupación militar, o en cualquier otra situación adversa, debido a que la bondad del crédito emitido con el respaldo de estos productos no puede ser cuestionada de manera alguna. Antes se pondrá en duda la validez de aserciones tales como que la gente debe comer, vestir, usar combustible para calefacción, etc., que cuestionar la solvencia del crédito que mantiene el flujo de los productos que satisfacen las más urgentes necesidades de las personas.

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